Tres cuentos hispanoamericanos y sus ángeles

Desde sus primeros brotes en el Romanticismo, pasando por la Vanguardia y el boom hasta llegar al presente, el cuento ha sido un género fundamental en la literatura hispanoamericana.

Con diferentes técnicas, que abrazan desde el más ortodoxo realismo hasta las más sorprendentes formas del realismo mágico, el cuento explora los conflictos sociales de Hispanoamérica, los dramas autóctonos y los universales, la fantasía y también las prisiones psicológicas que la anulan o la vuelven imposible en determinadas circunstancias. La madurez del género en Hispanoamérica es un hecho consumado.

Tres cuentos forman parte de esta tradición; cada uno pertenece a una época histórica y literaria diferente, pero comparten un tema: la figura del ángel caído, cuyo origen –hasta donde es posible trazarlo– se encuentra en el Antiguo Testamento. Ellos son «El ángel caído», de Amado Nervo (1870 – 1919), «El ángel pobre», de Joaquín Pasos (1914 – 1947), y «Un señor muy viejo con unas alas enormes», de Gabriel García Márquez (1927 – 2014). Los tres cuentos fueron escritos respectivamente durante el Modernismo, el período vanguardista y el del boom hispanoamericano.

La caída

Si bien la figura del ángel aparece en casi toda la literatura religiosa, los ángeles de éstos tres autores latinoamericanos se afincan en la tradición judaico-cristiana. Es quizás el libro del profeta Isaías el que más se presta –y así lo atestiguan numerosas interpretaciones teológicas– a la idea de que éstos seres fueron expulsados de los parajes celestiales por desobedecer la autoridad divina. Y dice el libro de Isaías:  «¿Cómo caíste del cielo, estrella brillante, hijo de la Aurora? ¿Cómo tú, el vencedor de las naciones has sido derribado por tierra?».

Aunque el texto original haya sido escrito en hebreo, y tal vez viciado por sucesivas traducciones, las versiones en latín, tomadas de la Vulgata de San Jerónimo, traducen el epíteto «estrella brillante» como Lucifer, haciendo directa referencia al ángel caído de mayor jerarquía. Los padres de la Iglesia parecen haber sustentado el concepto del ángel caído en otro pasaje del profeta Ezequiel:

Desde el día en que fuiste creado, tu conducta había sido perfecta, hasta el día en que el mal se anidó en ti…entonces te barrí de la montaña de Dios: liquidé al Querub, que vigilaba entre piedras de fuego. Estabas muy orgulloso de tu belleza: tu belleza te hizo perder la sabiduría; por eso te tiré al suelo, para que fueras un espectáculo para los reyes de la tierra.

Tres cuentos: tres ángeles  

Figura central del Modernismo, Amado Nervo fue autor de una vasta obra poética, narrativa y ensayística. Nació en Tepic, México, en donde publicó sus primeros poemas modernistas, recogidos después en sus poemarios Perlas negras (1898) y en la colección póstuma Mañana del poeta (1938).

De joven se trasladó a la Ciudad de México y, posteriormente, en 1900, llegó a París como corresponsal para cubrir la Exposición Universal. Ahí conoció a Rubén Darío, de quien se hizo gran amigo. Su prosa es de un estilo transparente y muchos de sus cuentos, verdaderas piezas antológicas, contienen un sutil sentido del humor.  

«El ángel caído» pertenece al volumen Cuentos misteriosos (1921) y narra la historia de un ángel que literalmente ha caído a tierra por retozar «más de la cuenta» sobre una nube. Es encontrado por un niño que decide llevárselo a casa. Su madre viuda y la hermana aceptan al visitante sin cuestionamientos, hecho que lo «naturaliza», pues pasa a ser un miembro más de la familia.  

Aun cuando su trama presenta innovaciones importantes con respecto a la historia original, no cabe duda sobre el origen bíblico. La desviación, sin embargo, radica en que el ángel convive armoniosamente con todos los miembros de la familia y establece una estrecha relación con el niño y su hermana. Dado que parece compartir la inocencia de los pequeños y desear su bien, el ángel de Nervo es más un ángel protector, un ángel de la guarda y no uno de los seres rebeldes a los que la Biblia hace referencia.

Tal figura evoca a uno de los ángeles más conocidos del Antiguo Testamento: el arcángel Rafael, que aparece en el libro deTobías. Dios le ordena a Rafael que acompañe a un joven del mismo nombre en la misión que su padre Tobit le había encomendado: la de reclamar una herencia en la ciudad de Media. Durante el viaje suceden acontecimientos que ponen en peligro la vida del muchacho. El arcángel lo salva y al final de la aventura, también sana la ceguera del padre.  

Amado Nervo parece utilizar este entablado para insertar a su ángel en una modernidad que empezaba a cerrarse ante los milagros y los temas del Romanticismo europeo que ponían en contacto la realidad terrestre con el Más Allá. La naturalidad con que Nervo junta ambas esferas anuncia en cierto modo el realismo mágico que Miguel Ángel Asturias percibió en la realidad hispanoamericana.

El ángel de Nervo, cuya misión no es anunciar un plan divino o llevar a cabo una venganza, no esconde su identidad bajo un aspecto humano. Vale la pena recordar que en Tobías, Rafael no tiene alas, por lo tanto, pasa por mortal ante la familia y sus conocidos, tal como sucedió con los ángeles que habrían de destruir Sodoma y Gomorra.

Es evidente entonces que Nervo se vale de marcadas alteraciones para revertir el sentido demoníaco que la desobediencia de Lucifer había imprimido en los ángeles expulsados de la presencia divina. Este ángel no corrompe la inocencia de los niños, sino que hace precisamente lo contrario de lo que un ángel rebelde hubiese hecho. Cuando se creía que este ángel había encontrado un lugar definitivo en el mundo de los mortales, decide regresar a la presencia de Dios, no sin antes llevarse consigo a los dos niños y a su madre.

El terreno, pues, estaba preparado para que otro escritor y poeta, el nicaragüense Joaquín Pasos, escribiera su cuento más logrado: «El ángel pobre».

Pasos nació en la ciudad de Granada y perteneció al Movimiento Nicaragüense de Vanguardia. Con un lenguaje ágil y sonoro forjó –junto a Pablo Antonio Cuadra, Luis Alberto Cabrales, Manolo Cuadra y José Coronel Urtecho– una visión contemporánea de la gente y el paisaje nicaragüense. Dirigió diversas revistas literarias y humorísticas y fue coautor, al lado de José Coronel Urtecho, de la obra teatral Chinfonía Burguesa (1957). Murió en 1947, un año después de haber publicado uno de los más logrados poemas en lengua española del siglo XX: «Canto de guerra de las cosas».

«El ángel pobre» (1941), escrito veinte años después de «El ángel caído» de Nervo, muestra la imagen de un ángel ya inserto en el seno de una estructura social. Aunque el cuento es de un profundo sentido religioso, este ángel carece de la ingenuidad y el candor que distinguían al ángel de Nervo.

En su aspecto físico es un ángel degradado. Así lo atestigua la detallada descripción con que Pasos describe su figura, despojada de la belleza y armonía que caracterizaban a su antecesor. Tampoco tiene el poder de hacer milagros, pues al menos el ángel de Nervo sirve para transportar milagrosamente al niño y su familia al «azul luminoso». Estamos, por lo tanto, en presencia de un ángel cuyo aspecto y aparente comportamiento son más humanos que divinos.

Aunque el cuento de Pasos no ofrece ninguna explicación sobre los motivos que provocaron su caída, las correspondencias con el de Nervo son más que evidentes. Ambos ángeles sufren un accidente al caer a tierra, ambos pasan como un ser común en sus respectivos ambientes sociales, son introducidos por un niño a un entorno familiar y finalmente aceptados en éste sin ningún tipo de aclaraciones.

Pero si el ángel de Nervo muestra profundas modificaciones en comparación a la historia bíblica sobre la rebelión y la caída, el de Pasos se desvía aún más al colocar al suyo en un dilema moral. La historia narra el momento en que el papá del niño, don José Ortiz Esmondeo, al borde de la desesperación, le pide al ángel que obre un milagro para salvar de la bancarrota a la compañía eléctrica de la que es dueño. El ángel le responde que no tiene tal poder y que su única gracia es la de separar la vida de la muerte; por lo tanto, ofrece a don José privarlo a él y a su familia de la existencia. Furioso, don José lo echa de su casa.

A partir de este momento, Pasos comienza a desarrollar un aspecto fundamental de la ética cristiana: el ángel no puede llevar a cabo un acto que entraría en desobediencia con lo que la Iglesia llama una virtud: la largueza o desprendimiento. Si lo hiciera, estaría reforzando uno de los siete pecados capitales: la avaricia.

El marcado carácter religioso del cuento y también la ironía misma del  «bien» cristiano, son  evidentes en el acto final del ángel, quien libera al niño y a los demás muchachos del pueblo de caer víctimas del pecado, representado en la codicia. Así, les otorga la muerte, llevándose consigo la inocencia. El ángel sólo puede separar la vida de la muerte, pero en tal separación, escinde la virtud del pecado, y la vida terrenal –que sin niños no tiene futuro ni esperanza—de la eterna.

Con estos dos antecedentes Gabriel García Márquez escribe un cuento representativo del realismo mágico: «Un señor muy viejo con unas alas enormes», publicado en 1968 por Casa de las Américas.  

Después de unas lluvias torrenciales, un extraño ser alado aparece en el patio de una casa. Su aspecto es el de un decrépito ser humano pero, a pesar de su figura, los vecinos, después de un largo debate, deciden que es un ángel caído del cielo. ¿Cómo llegó al pueblo o cuáles son los detalles de su caída? Una de las vecinas, después de mucho cavilar, dictamina que el ángel iba en busca del niño de la casa, quien había pasado la noche con fiebre, pero que la lluvia lo derribó a tierra. El cuento, como es típico en el autor colombiano, se sustenta en hiperbólicas imágenes, creando así un ambiente fuera de toda lógica.

Tanto el candor del ángel de Nervo, como los conflictos éticos del de Pasos se transforman, gracias al humor y las hipérboles de García Márquez, en un espectáculo circense. Ya no es un ángel en el completo sentido de la palabra, sino un hombre cuyas alas lo hacen lucir como un enorme murciélago o una gallina, de acuerdo a la descripción de algunos curiosos.

Por si fuera poco, el ángel es expuesto por los dueños de la casa como un espectáculo de feria por el que cobran entrada. Poco a poco los habitantes del pueblo concluyen que esa extraña criatura caída del cielo no es un ángel. Esta sospecha es respaldada por el sacerdote del pueblo, quien señala que las alas no son elemento suficiente para ser ángel.

Pero el enigmático visitante permanece fuera de tal polémica. Es un ángel «autista» o, cuando menos, está separado del pensamiento de los mortales que habitan el pueblo costeño. Tanto en el cuento de Nervo como en el de Pasos jamás se pone en duda el origen celestial de sus respectivos ángeles. Ambos lo aclaran al entrar en contacto con la gente.

En el cuento de García Márquez estamos, por el contrario, de cara a un ángel cuyo pensamiento, emociones y actos jamás son explicados por el narrador. Su imagen, a falta de la articulación racional que los ángeles previos poseen, es construida desde el punto de vista de los pobladores de una aldea pobre y subdesarrollada y, por lo tanto, altamente marginada de los privilegios que la modernización otorga.

Una de las tendencias del cuento es de «representar» sólo lo que es concebible dentro de un estado cultural y económico determinado. Por tanto, un pueblo subdesarrollado sólo puede tener ángeles en muy malas condiciones físicas y mentales, ángeles enfermos y carentes de poder. En este sentido, el ángel de García Márquez es secular, puestoque su cuento argumenta que toda racionalización es ideológica, incluyendo la bíblica.

El ángel no da ni otorga más que lo que ya existe en el imaginario de aquellos a quienes se les manifiesta. En el caso de esta población perdida en la costa colombiana, no ofrece nada más que un paréntesis a la monotonía. Así, una mañana se aleja tras alcanzar el vuelo tal y como lo hiciera un buitre, sin llevarse nada ni a nadie consigo, ni  transportar al cielo la inocencia al apartarla de la codicia mediante la muerte.

Es evidente que los tres cuentos parten de una «historia» –historia en el sentido estructuralista de la palabra–,es decir, un «discurso» literario previo, que en este caso es el Antiguo Testamento. Sobre esta historia, advierte el estructuralismo, se implanta un sistema–estético e ideológico– que modifica el material original. Tzvetan Todorov (1939), en «Las categorías del relato literario» (Análisis estructural del relato, Buenos Aires, 1974), afirma lo siguiente:

…es una ilusión creer que la obra tiene una existencia independiente. Aparece en un universo literario poblado de obras ya existentes y a él se integra. Cada obra de arte entra en complejas relaciones con las obras del pasado que forman, según las épocas, diferentes jerarquías.  

De modo que si el Antiguo Testamento narra las causas de la caída de ángeles rebeldes, particularmente la de Lucifer, los cuentos de éstos tres autores hispanoamericanos comienzan precisamente donde termina el relato bíblico. El texto sagrado no brinda detalles seguidos a la expulsión. Hay un fin, un cese, y es aquí donde comienza el discurso narrativo de los tres relatos, que ya no suceden en el cielo, sino en la tierra.  

Estos tres ángeles parecen alterar el deseo del demonio de perpetuar su reino del mal en el mundo. Ellos aparentemente trastocan esta idea y buscan su propia salvación a través de sus acciones valiéndose de los mortales, con la esperanza de regresar a la presencia divina. Existen, entonces, dos rebeliones. La primera ante Dios y, la segunda, ante el demonio.

Ángeles vehículos, ángeles heroicos

De acuerdo al formalista ruso Vladimir Propp (1895 – 1970), en los cuentos folklóricos    –Morfología del cuento (1928)– el ángel es una variante de pájaro o de alfombra mágica, que sirve para transportar al héroe al otro mundo o, mejor dicho, a un nuevo espacio en donde el espíritu del héroe se transforma. Tal interpretación está apoyada en la forma con que las culturas primitivas enterraban a sus muertos.

Si nos atenemos a esta interpretación, el ángel no es más que un vehículo, ciertamente sagrado, pero vehículo al fin y por lo tanto, mero objeto, instancia mediadora, instrumento. Y dado que ninguno de los ángeles fabulados por nuestros tres autores es realmente un objeto, sino más bien protagonista o figura central de la trama, tenemos que aceptar que desde Nervo hasta García Márquez, la tradición cristiana sigue en pie, otorgándole un carácter psíquico al vehículo que supuestamente ha de transportar al héroe a su transformación y renacimiento. En otras palabras, el avance hacia la secularización que lleva a cabo García Márquez con su hombre viejo no es suficientemente drástica como para abolir el código o el imaginario cristiano.

Las diferencias de estos ángeles –que representan una desviación con respecto a la norma bíblica pero que siguen funcionando dentro de la ideología cristiana– están profundamente marcadas por el momento en que se conciben y se plasman en la escritura.

Es lógico decir que el límite del Modernismo está dado en la naturalización del Más Allá o de sus agentes, el límite de la Vanguardia en la profunda relación que empieza a vincular lo sagrado a las clases sociales, y durante la década de los setentas, tal límite queda marcado por el imborrable surco que existe entre lo sagrado y las sociedades poco afortunadas.

En realidad, García Márquez ahonda sobre la idea social que ya estaba planteada en Pasos, o mejor dicho, en la Vanguardia, cuya estética percibe los efectos de la destrucción masiva y los graves problemas de clases sociales que mantienen en jaque la idea de «nación». El deterioro del «ángel», de lo angélico o divino avanzó con el siglo XX, y mientras menos salvación tengamos los mortales, menores oportunidades de redimirse tendrán los alados rebeldes.

Roberto Carlos Pérez

Nació en 1976 en Granada, Nicaragua. Es autor del libro de cuentos Alrededor de la medianoche y otros relatos de vértigo en la historia (2012 y 2016) y editor de José Emilio Pacheco en Maryland (1985 - 2007), ensayos en homenaje al poeta mexicano, y de El vampiro (1910), novela del poeta y narrador hondureño Froylán Turcios. Ha publicado cuentos y ensayos críticos en revistas como eHumanista, especializada en temas cervantinos y medievales; CarátulaCírculo de poesía; El Hilo Azul, editada por el Centro Nicaragüense de Escritores; Lengua, de la Academia Nicaragüense de la Lengua; La ZebraEl pulso, periódico de investigación; El Sol News, de Nueva York, entre otros. Aparece en las antologías Flores de la trinchera. Muestra de la nueva narrativa nicaragüense  (2012) y Un espejo roto (2014). Su cuento «Francisco el Guerrillero» fue traducido al alemán y se incluye en la antología Zwischen Süd und Nord: Neue Erzähler aus Mittelamerika (2014). Estudió en la Duke Ellington School of Arts y se licenció en música clásica por Howard University. Investigador de la obra de Rubén Darío, es máster en Literatura Medieval y de los Siglos de Oro por la Universidad de Maryland.