Ístmicas | Poesía centroamericana contemporánea: Antología breve del autor

Con esta entrega, iniciamos una serie dedicada a poetas centroamericanos contemporáneos. [Incluye pdf para descarga libre].

Fotografía de Ernesto Castro Mora, artista invitado en este número (ver galería).

De Los seres desterrados (Uruk Editores, 2014)

 

Autorretrato

 

Esto que soy es lo que pasa

cuando arrastras los años, miras atrás,

escrutas un poco en las entrañas

y remueves del polvo viejas fotografías,

el enconado beso que olvidaste,

la semblanza de un padre y una madre,

tus sombras atrapadas en alcohol,

humo de cigarro, discotecas,

música que acaso entendiste,

por primera vez expulsado de la escuela,

mordido por los perros y las perras,

alabado y exaltado por la abuela

que preparó día a día el inmerecido desayuno.

 

Esto que ves son las carreras en bicicleta,

los raspones, las caídas,

las piedras que guardaste en los bolsillos

para herir los cristales del vecino,

son las tardes de calor y lluvia,

vencido por el pecado de la fornicación

                                          por vez primera,

revolcado con arcángeles insomnes,

son las respuestas a esas preguntas

que jamás te hicieron,

es tu padre yéndose muy lejos,

tu madre combatiendo los fantasmas de tus noches,

el hambre por leer la ausencia de este mundo

cavilando en parques de ceniza,

desempleado en los soportales del olvido,

asalariado y hablando en lenguas,

porta sin aviso y agonía.

 

Esto que ves es lo que pasa

cuando la aguja atraviesa tu piel varias veces

y recientes el día que se acaba,

el otro que comienza

y no sabes si habrá mañana,

si todo va a ser consumado por un fuego divino

o saldrás a la calle a esperar

un carnaval que no es el tuyo.

 

Esto es lo que pasa

cuando negaste la mano de un amigo

y rodaste por las escaleras del colegio,

cuando al fin fuiste alguien casi respetable

y procreaste hijos

que siguieron tus pasos sin quererlo,

fueron niños y besaron,

bebieron y sufrieron

las mismas raudas orfandades,

darle cuerda a la vida por inercia,

sentir absolutamente nada

salvo el vacío inefable,

pensar en Dios quizás

y darte fuerza.

 

Esto es lo que pasa

cuando eso que llamas vida

te repta por los ojos

                  y cansado,

ya solo tienes esa ciega certidumbre

                          de mirar y mirar.

 

Sylvia Plath

 

Cuando pasés por las calles de Boston

recordá a aquella mujer

cuyas manos sufrían de piromanía,

a la bruja que escuchaba Beethoven

mientras fumaba su último cigarrillo

a la sombra de la buhardilla.

 

Llevale flores, muchísimo silencio

y tus nuevos poemas hechos pedazos

en un cesto de mimbre.

Decile que todo está bien,

que los niños se levantaron

aquella tarde después de la siesta

y mojaron las galletas con la leche;

que el esposo no llegó tarde

y aún la recuerda

en el fondo de un vaso de Gin-tonic;

mentile acerca de los analistas,

de los falsos profetas de la desilusión,

los soldados romanos

que se repartieron sus poemas

en un juego de azar

a las puertas de sus editoriales.

 

Llevale por favor

ya sea todo o nada

de lo que pueda resultarle necesario,

y asentí de vez en cuando

con tu cabeza,

las manos en los bolsillos

sin mirar a otra parte.

 

No le dejés salir

aunque así te lo pida,

lavá con ron sus epitafios

y jurale que mañana volverás

a dejarle dos monedas de plata

sobre el mármol.

 

Los seres desterrados

 

A Javier Alvarado

 

Podés alcanzar la gota última,

penetrar la cueva

donde hiberna la ferocidad

de una bestia congelada

y vencerla con el veneno

de tus propios pasos exigidos.

 

Podés de un zarpazo

detener la furia de la lluvia

para lamer el rayo

y llevar a la aldea

tu ciego testimonio.

 

Podés usar la piel

de aquellos animales que mataste

y esperar que de la tierra agreste

broten los frutos que deseás.

 

Podés decirle al hambre que es de día,

y seguir aullando al cielo

oculto en los arbustos

de otro paraíso perdido.

 

Podés seguir masticando

la vestidura exacta de los ángeles,

pero recordá que el mundo

está lleno de quijadas de burro

y a Dios le seguirá agradando más

la ofrenda de tu hermano.

 

No importa ya cuántas veces

                               niño absurdo,

tratés en vano llamar la atención de tu padre,

que se distrae al ver en silencio

el turbio abismo de sí mismo.

 

El tiempo no tiene redención

                                    sino nostalgia,

y sin embargo los seres desterrados

llevan en los bolsillos

miles de cadáveres, amantes furtivos,

la semilla del fuego

y la máscara común de la alegría.

 

Recordá que los desterrados somos más

y no estás solo,

tenemos esta muerte colectiva

                                  que nos une,

y la hermosa necedad

de ser eternos.

 

De El señor Pound (EUNED, 2015)
Premio Internacional de Poesía Rubén Darío 2013

 

IX

 

En el sanatorio se lo habían dejado muy claro:

Si el cielo existe, es un nido de cuervos.

Do you want another blanket, Mr. Pound?

It’s getting pretty cold in here…

El Señor Pound se ciñe al cuerpo la sábana blanca

a manera de toga,

y con el brazo extendido concluye que:

          Nietzsche aprendió la dialéctica de los caballos.

          Hitler era un músico frustrado.

         Mahoma perdió su anillo de oro en una apuesta con ladrones persas.

        Jesucristo consideraba que la niñez era la única alabanza posible.

        Cuando un borracho baila destruye la torre de Babel.

Los pacientes todos aplaudían

como seres mitológicos

y después retornaban a sus cavernas interiores.

El termómetro marcaba 3 grados bajo cero

en el cielo de Washington,

Do you want another blanket, Mr. Pound?

Y por él contestaba un cuervo en la nieve.

 

X

 

Totalmente desnudo

lo obligan a bañarse

en el agua pestilente de Venecia.

Las góndolas pasan a su alrededor

como gaviotas negras en el pensamiento.

Los amantes que pidieron vacaciones

o hicieron préstamos para la luna de miel

arrugan su cara al verlo,

creen que han encontrado al loco

que ha envenenado el agua con su tinta.

Pound no los vuelve a ver

y los perdona.

Como si fuese un diario

escribe lo siguiente sobre el agua:

Yo, poeta,

sobreviviente de Pompeya y de Bizancio,

desde la podredumbre del agua de Venecia,

aullando con los ojos y las manos,

declaro en este sitio

que la lírica ha muerto.

 

De El Manuscrito (Editorial Costa Rica, 2016)
Premio Nacional de Poesía Eunice Odio 2016

 

Oficios

No me importa:

He aquí que soy poeta

y mi oficio es arder.

Efraín Bartolomé

 

Amo muy pocas cosas.

Las mañanas soleadas me deprimen.

Considero que la luz de la tarde

es una rata que ensucia

los libros de mi biblioteca.

La noche

es una cruz que sangra

en mi vaso de vino.

Puedo vivir muchos años

sin aquello que creo imprescindible:

una estufa y un gato,

el moho de las cartas que no leo,

un equipaje a medio hacer

que empieza en mi boca

y se extiende por la madrugada.

Tan pronto como mueren

así nacen los días,

pero nosotros claudicamos:

aquí, las palabras pesan porque existen

y su oficio

es hacernos arder.

 

Contra los poemas de amor

 

Matamos lo que amamos,

lo demás no ha estado vivo nunca.

Rosario Castellanos

 

Será mejor así, amor, que no te ame,

junto a esta jaula adherida al pensamiento.

Que te deje sola en el último minuto

donde los náufragos se inmortalizan

aferrados a su trozo de madera.

 

Será mejor negarte, ser insumiso,

quebrar los vasos frágiles del llanto

bajo el silencio de lo perdido,

tomar entre las manos la hermosura

y apretarla hasta que sangre.

 

Sólo lo que no está nos pertenece.

El vacío es a la vida

lo que al amor la combustión.

Es necesario que todo esté en llamas.

La eternidad es una perra enferma

que se duerme entre los gritos del mercado.

 

Será mejor así, amor, que no te ame,

para dejarte intacta una vez más,

en la pureza de las cosas

que no han estado vivas nunca.

 

Fray Juan de Dios

 

A Berman Bans

 

Entre sus hermanos era conocido

como Fray Juan de Dios.

 

Vino de una tierra lejana

con la búsqueda en los labios.

Después de una crisis existencial

entró a la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos

y ayudó a oficiar la misa de los desesperados.

 

De vez en cuando tocaba una guitarra

y tallaba en madera hermosos pájaros de hielo.

Un día sus ojos se estrellaron

contra la secretaria del convento

y su alma se prendió

a ella sin remedio.

 

En un sueño, San Francisco de Asís

le ordenó dejar los hábitos

y ser feliz en la plenitud

de la carne transitoria.

 

Ambos así se despidieron de todos

y los frailes lloraron

entre campanarios de ternura.

 

Hoy su misión es más grande:

combatir con sus cuerpos inconclusos

el gran frío de la tierra.

 

Tragedia en seis actos

 

I

En el jeans

unas gotas de barro y semen

jamás podrán contarle al mundo

que ya no es un boy scout,

ni defensor de ideales,

ni hacedor de parábolas de humo,

ni mucho menos un pequeño burgués

que vuelve su cara agónica hacia el cielo

y la baja tan solo

para escribir un verso.

 

II

(Versión libre de La entrevista con el Vampiro)

—Y contame ¿Te gusta la poesía trascendentalista?

—Claro, cómo no.

—(Con cara de indignación) ¿En serio?

— (Enseñando sus dientes) Emerson y Whitman me parecen

[fabulosos.

—(Terror, pánico, gritos indecibles)

— Lo de siempre, lo de siempre. (Susurra para sí mismo el

[Vampiro)

 

III

Me invitaron

a ver una obra llamada “El Beso”

donde dos artistas

se ahogan en un propio vómito

antes de concluir su obra maestra.

Yo sólo sé reír o llorar,

y aunque no es mucho,

tal es la variante de mi beso.

 

IV

Minerva no sabía muchas cosas

pero un buen día,

en su camastro de pobre,

me enseñó lo que era la inmortalidad.

Ella ya no está,

pero recuerdo de manera tenue

la luz de las velas,

aquellos labios secos

penetrados por mi falo,

aquel calor mediocre de los cuerpos

donde la muerte guareció

su fina lluvia.

 

V

En la hora de receso,

el Príncipe de Aquitania,

Hamlet y Calíguala

beben cerveza cruda

y comen sandwiches

a la sombra de un abedul

donde cantan los pájaros.

 

VI

El cadáver de un lector

pasa a la deriva

por el río amarillento

de una página.

 

De En honor del delirio (El Ángel Editor, Ecuador; 2017)
Premio Internacional de Poesía Paralelo Cero 2017

 

Clarividencias

 

Dios le hablaba en sueños a mi madre.

 

Le dijo la hora en que habría de nacer,

le mostró el designio que me marcaría

hacia una vida austera,

      casi trágica,

                     poética,

sin embargo, no tan fatal

como la de mis contemporáneos.

 

Le susurraba en sueños cosas por venir

y le creíamos cuando nos decía:

lleva hoy el paraguas, vístete de blanco,

saca a esa muchacha a bailar,

pasa al puesto de lotería y compra el 23.

 

Casi siempre acertaba

y la divinidad era algo útil

que tomábamos con la seriedad del caso;

todo iba bien

pero el viejo Dios falló en algo:

el día de la muerte de mi madre

no era el día en que tenía que morir.

 

Entonces ella empezó a aferrarse a todo,

en las cortinas aparecía su rostro,

el viento se quejaba con su voz,

pateaba los jarrones para llamar la atención,

la lluvia se guarecía como un cuenco en su mano

y se escuchaba en el patio

sus pisadas sobre el verde.

 

Una noche

se me apareció en sueños

y en lugar de una palabra frágil,

mi madre, hija bastarda de la vida,

ahora muerta,

me dijo que el azar era una espina

clavada en la lengua de Dios

cuando enmudece.

 

Arte poética

 

El poema dice adiós desde la borda.

 

En el viento y la lluvia

—ahora inminente— es su propio capitán.

 

En altamar no cambia de rumbo la tormenta,

aunque se hagan señales de humo,

gestos de piedad sobre el ruido aparente,

o se disparen al aire

los libros de quien calla

cuando ve saltar entre las aguas

al gran pez de la derrota.

 

Nos miramos por última vez.

La tormenta se dirige hacia nosotros.

Todo poema es un naufragio.

 

{Leer o descargar antología completa: en este enlace}

Juan Carlos Olivas

Nacido en Turrialba, Costa Rica, en 1986, ha escrito y publicado casi una decena de poemarios, todos los cuales han merecido reconocimientos en su país y la región, entre los que destacan su Bitácora de los hechos consumados (Universidad Estatal a Distancia, 2011), Premio Nacional Aquileo J. Echeverría de poesía 2011 y Premio de la Academia Costarricense de la Lengua 2012; El señor Pound (Nicaragua: Instituto Nicaragüense de Cultura, 2015; Costa Rica: Universidad Estatal a Distancia, 2015), Premio Internacional de Poesía Rubén Darío 2013; El Manuscrito (Editorial Costa Rica, 2016), Premio Nacional de Poesía Eunice Odio 2016; y En honor del delirio (El Ángel Editor, 2017), Premio Internacional de Poesía Paralelo Cero 2017, en Ecuador. Poemas suyos pueden, igualmente, leerse en antologías internacionales como Cintilacões da Sombra 2 (Portugal: Editorial Laberinto, 2013) y Voces de América Latina II (Nueva York: Mediaisla Editores, 2016).