Elementos existencialistas en la poesía de Francisco Ruiz Udiel, Alejandra Sequeira y Mario Martz

Una mirada crítica a la obra de estos tres poetas nicaragüenses.

Fotografía de Ernesto Castro Mora, artista invitado en este número (ver galería).

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Por Luisa Alemán y Melania Mendoza Aráuz

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El existencialismo no puede calificarse como un movimiento literario, pero sí como un portavoz, esto gracias a sus expresiones literarias tales como el absurdo, el pesimismo, la nada, la ruptura de los convencionalismos sociales, entre otros, que según Guillermo De Torre, más que expresiones, eran epifenómenos de una época de guerra. La poesía de Mario Martz (León, 1988), Francisco Ruiz Udiel (Estelí, 1977 - Managua, 2010) y Alejandra Sequeira (Managua, 1982) tiene elementos a través de los cuales se muestra al hombre rebelde y angustiado ante el mundo, y esto precisamente hace que su poesía contenga una carga de existencialismo.

 

Mi soledad va hacia ninguna parte

manoseada por máscaras y gestos

mi soledad es mi madre impresa en un puñal

su cuerpo desnudo en un pasillo

la sien desbaratada de mi hermano

y el arma letal contra su locura

mi amigo lanzándose de una torre

su cuerpo que pesa desplomado en la tierra

sus zapatos rotos por el viento

y escarbados de dolor

(Alguien me ve llorar en un sueño: 2005)

En la primera estrofa de este poema de Francisco Ruíz Udiel se hacen palpables esos elementos que revelan el vacío del hombre, el yo lírico está sumergido en una soledad infinita que es comparada con situaciones trágicas relacionadas a la madre, al hermano y al amigo, estas a su vez indican el quebrantamiento y la angustia que le genera esa soledad. La utilización de palabras como locura, lanzándose, desplomado dan indicio de un hombre derrumbado ante el mundo que poco a poco va cayendo.

La soledad es una constante y quizá la única acompañante en el transcurso de la vida del poeta quien se reconoce a través de esta. Ya Sartre hablaba de ese reconocimiento, en el que el propio cognoscente se destaca como relieve sobre el fondo de esas nadas, justamente reflejado en el primer verso: "Mi soledad va hacia ninguna parte".

Cuando habla de “máscaras y gestos”, el poema sugiere una apariencia, las máscaras representan la otra cara del hombre, quien muchas veces se refugia en ella para disimular el dolor aunque también se pueden proyectar distintos sentimientos “Lo  que  llamamos  el  sufrimiento  «bello»  o  «bueno»  o  «verdadero»,  que  nos conmueve, es el sufrimiento que leemos en el rostro de los demás, o mejor aún, en los retratos, en la  faz de una estatua, en una máscara trágica”.  Asimismo los gestos son expresiones que muestran lo que el hombre desea.  Es un mecanismo para tratar de esconder esa soledad que invade su ser “Para un hombre apartado de lo eterno la existencia entera no es sino una imitación desmesurada bajo la máscara de lo absurdo.  La creación es la gran imitación.

Mi soledad es la espalda de mis amigos

Cuando busqué partir hacia otra orilla

las  jeringas en mis brazos sobre una helada camilla

los  parches sobre mi pecho morado

mis  ojos vacíos y perdidos en un taxi

a las cinco de la madrugada

la cerveza que dejó alguien a medio beber

y la mano enterrada en su blanco sepulcro

¿Te acordás Misael?

A mi soledad la perforan voces

y ruidos de huesos masticados por un niño

mi soledad es una lágrima cayendo al abismo

la cara de horror duplicada de alguien

alguien que me ve llorar en un sueño.

(Alguien me ve llorar en un sueño: 2005).

La angustia del hablante lírico se sigue reflejando de diversas maneras, “la espalda de sus amigos” dan seña del abandono, lo que permite retomar las palabras de Sartre cuando expresa “el hombre está abandonado, porque no encuentra ni en sí ni fuera de sí una posibilidad de aferrarse”. A lo que habría que agregar que el hombre está arrojado al mundo sin ningún amparo.

La soledad genera un constante dolor, cuando el poeta expresa “a mi soledad la perforan voces/y ruidos de huesos masticados por un niño”, las voces y los ruidos representan un tormento que lo persigue.  Esto se repite en los últimos versos en donde compara la soledad con una “lágrima”, y con la cara de horror de alguien.  La angustia sigue siendo palpable, pero se integra otro elemento que es el espanto y el sueño, este último cobra gran importancia para comprender la conciencia del yo lírico, Bachelard abarca este punto desde la soledad aclarando que es algo de lo que difícilmente podría deshacerse el hombre “y todos los espacios de nuestras soledades pasadas, los espacios donde hemos sufrido de la soledad o gozado de ella, donde la hemos deseado o la hemos comprometido, son en nosotros imborrables”. También dice que los espacios de la soledad son constitutivos y que aunque se quieran borrar se vuelven en los sueños nocturnos, pero también en el ensueño diurno el recuerdo de las soledades estrechas son experiencias del espacio reconfortante de un espacio que no desea extenderse, pero que quisiera estar todavía poseído.

Todo lo anterior está ligado al existencialismo, Jean Paul Sartre en su obra filosófica El ser y la nada alude constantemente a este tema como una realidad de la que el hombre no puede huir “como afirmación de mi soledad ontológica, es una pura hipótesis metafísica, perfecta e injustificadamente y gratuita, pues equivale a decir que fuera de mí  nada  existe”.

 

Por su parte, Alejandra Sequeira también presenta una poesía llena de estas expresiones literarias que muestran rasgos existencialistas.

La estación donde espero

siempre está vacía

 

En ningún tiempo llegan

ni parten

 

Nadie viaja nunca

 

Los pasajeros se han tornado en flores

y ahora fríos cuidan sus propias tumbas

por eso nunca viajan en el autobús

los que yo espero

(Quien me espera no existe: 2006)

En este poema se muestra en primera instancia una espera inútil, de alguien que nunca llegará, al declarar en el primer verso “la estación donde espero siempre está vacía” es notorio que el yo lírico está sumergido y condenado a la soledad, aunque se encuentre en constante espera, está consciente de que en realidad no hay ninguna esperanza de recibir a alguien, básicamente se trata de un anhelo sin fe.  El propio título del poemario se convierte en un resumen de todo su contenido: Quien me espera no existe. Ese alguien que el ser humano espera, esa posibilidad realmente es solo una utopía. Según Camus: “Mediante un razonamiento singular, partiendo de lo absurdo sobre los escombros de la razón, en un universo cerrado y limitado a lo humano, divinizan lo que los aplasta y encuentran una razón para esperar en lo que les desguarnece. Esta esperanza forzosa es en todos de esencia religiosa”    

La utilización del adverbio de tiempo al decir “nunca” en el verso V es una señal de que todo es inútil, el mismo Amado Alonso se refiere al tiempo como aquello que esfuma todo a su paso, “es su propio efecto aniquilador. A su imperceptible contacto todo se desvanece”. Es precisamente lo que sucede a quienes el yo lírico espera, puesto que se han tornado en flores, lo que indica ese desvanecimiento.  Pero también se puede interpretar como una condena, debido a que la muerte está presente en todo lo que en algún momento pudo existir para el yo lírico.  Alonso igualmente trata este tema: “cada movimiento de los vivos es un paso de muerte, no sólo un paso hacia la muerte cierta con el tiempo, sino ya un acto de muerte”.

 

Mario Martz, a su vez, muestra una poesía llena de elementos oníricos en los que se vinculan temas recurrentes dentro del existencialismo tales como la misma soledad, pero agrega angustia y  tristeza.

Para retratar el olvido en el sueño

hay que arrancarse las venas

y tenderlas

en las aceras para que los perros

acaricien su soledad:

La vida es un autorretrato

forzado por el tiempo

las cuchillas de esta sonrisa febril

carcomen las huellas del olvido

 

morder la tierra es más fácil

que despertar de noche

en el vigésimo sueño

y soñar es morir en la sombra del agua

 

la ciudad se derrumba en tu espalda

y el fondo en sepia es un estambre

de sonrisas empuñadas con los dientes

 

a esta hora perros y gatos duermen

en el equinoccio de la muerte.

-las puertas y ventanas

Vigilan sus sueños

Porque mañana emprenderán el viaje

Al infierno de los tristes.

(Viaje al reino de los tristes: 2010)

Este poema contiene motivos recurrentes ligados al existencialismo, estos son herramientas a través de las cuales el poeta va construyendo su tema, el verdadero sentimiento que quiere transmitir; proyecta su tristeza y desaliento por medio de la palabra.  El poeta se basa en la realidad para así transmitir el sentimiento, Amado Alonso afirma que “la realidad es particularmente estructurada por el sentimiento que quiere expresarse líricamente”.

En el poema de Martz  se refleja nuevamente el tema de la soledad combinada con la tristeza, las penas del ser y sus pesares son cantados.  A partir del primer verso es percibida la necesidad del yo lírico de olvidar, pero en este caso el hablante desea retratar dicho olvido en el mundo de los sueños.  En este punto es necesario entender qué representa el olvido para el yo lírico, Albert Camus sugiere que es una forma de acabar con uno mismo “Hay también en esto muchas maneras de suicidarse, una de las cuales es el don total y el olvido de la propia persona”.

El sueño es el símbolo de ese mundo en el cual puede expresarse lo que verdaderamente pasa.  Es decir, el yo lírico quiere retratar el olvido en el sueño, entonces se puede aseverar que el sueño es el único espacio que le permite realizar lo que desea, Bachelard afirma que “los sueños serían entonces, lo que arraiga más profundamente en la sustancia soñadora. Los pensamientos pueden contradecirse, y por lo tanto, borrarse. ¿Pero los sueños? ¿Los sueños de la sustancia soñadora?”.

La interpretación onírica literaria que presenta Bachelard es un recurso auxiliar que permite analizar psicológicamente las neurosis; la comprensión profundizada de esta ha repercutido a su vez sobre la concepción del sueño.

hay que arrancarse las venas

y tenderlas

en las aceras para que los perros

acaricien su soledad.

El olvido en el que fue sumergido el personaje le causa una soledad que penetra hasta en sus venas, esta metáfora muestra que la soledad se convierte en algo descomunal que invade el interior del ser, que afecta al ser y a su esencia.

El sueño se convierte en algo de vital importancia para este análisis.  Albert Béguin lleva a una profunda reflexión al aseverar que “El sueño nocturno es la fuente en que se alimenta la poesía, y al mismo tiempo la fuente de lo maravilloso y de los mitos: la pesadilla, hecha a la vez de encantamientos y de terrores”.

Al querer retratar el olvido en un sueño se crea una contradicción, puesto que los retratos se realizan justamente para eternizar algo que no se desea olvidar, por tal razón el sueño es el lugar donde muchas veces el subconsciente crea situaciones que no pueden ser posibles en la realidad, de esta forma el poeta alimenta el deseo de perpetuar el olvido y tristeza a través de un retrato, que sería la única forma de mostrar a los demás su sufrimiento.

En el siguiente verso se puede ejemplificar una situación social considerada como una causa de la filosofía existencialista.  Se sabe que la devastación de la  segunda guerra mundial y la indiferencia de la clase alta provocaron inconformidad en la gente más humilde y afectada; ese derrumbamiento se metaforiza de acuerdo al contexto que vive el poeta:

la ciudad se derrumba en tu espalda

y el fondo en sepia es un estambre

de sonrisas empuñadas con los dientes.

Jean Chevalier, en su Diccionario de Símbolos, se refiere a la figura “espalda”, definiéndola como: “la potencia o fuerza de realización, las espaldas, los brazos y las manos representan el poder de actuar y operar”.  Pero cuando alguien está de espaldas, significa que busca una manera de ignorar o rechazar lo que pasa, sin embargo Sartre aclara que aunque el hombre de la espalda a determinada situación, la realidad seguirá siendo la misma “a la vez, permanece ahí, existe por sí, es en-sí; si le vuelvo la espalda, no por eso deja de existir si me voy”.

En la última estrofa el yo lírico hace referencia a seres que duermen para emprender su viaje al infierno de los tristes, es importante entender en qué radica ese reino de tristeza y cuál es la razón para viajar hacia este lugar, Camus ofrece una interpretación amplia de este asunto ligado a El mito de Sísifo, personaje que se convierte en el trabajador inútil del infierno, Camus plantea que “sucede que la tristeza surge en el corazón del hombre: es la victoria de la roca, la roca misma. La inmensa angustia es demasiado pesada para poder sobre llevarla”,  pero también busca otros motivos para entender ese estado  “Pero, además, los tristes tienen dos motivos para estarlo: ignoran o esperan”; se trata entonces de la angustia que le genera la vida misma al hombre, esa certeza de que al final llegará ese infierno donde impera la tristeza.

Es indudable que cada de los poetas en estudio contiene elementos que permiten relacionarlos con la filosofía existencialista.  Es cada uno hay un tratamiento distinto, sin embargo, todos contienen sentimiento de soledad, tristeza, desarraigo, protesta social y una constante búsqueda de libertad que es presentada por medio de diversas situaciones sociales peculiares de cada poeta. Sin duda alguna las poéticas de Mario Martz, Alejandra Sequeira y Francisco Ruíz Udiel, permiten que el lector conozca un tipo de poesía más profunda y real; la temporalidad y ensoñación son algunos recursos que van construyendo poemas que permiten conocer a un Yo lírico que en muchas ocasiones es el mismo poeta o un alter ego de éste. Con todo lo anterior se asevera con certeza  que el existencialismo como filosofía abrió puertas a una lírica más humanista a nivel latinoamericano y por qué no decirlo, también a nivel nicaragüense.

Morelia Rivas y Mario Zetino

Morelia Rivas (La Libertad, El Salvador, 1976). Traductora y maestra en Oakland, California. Posee una Licenciatura y una Maestría en Literatura por la Universidad de California en San Diego, donde impartió cursos de literatura centroamericana, latinoamericana y de ciencias sociales. Traductora y editora de amplia experiencia, ha trabajado con diversos autores, instituciones y medios y con enfoques variados, entre ellos, temas de justicia ambiental, arte, inmigración, educación y derechos civiles.

Mario Zetino (Santa Ana, El Salvador, 1985). Poeta, antólogo, traductor y académico. Es Licenciado en Letras por la Universidad de El Salvador. Ha publicado los poemarios Uno dice y Los …

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