Ernesto Cardenal: La poesía no se hace con palabras, sino con la vida (Una aproximación a su poética)

Recorrido crítico por la obra del poeta nicaragüense Ernesto Cardenal.

Fotografía de Daniel Ulloa (ver galería completa).

Poeta, sacerdote y revolucionario, precursor de la Teología de la Liberación, traductor de la poesía estadounidense, escultor y fundador de la comunidad contemplativa Solentiname, Ernesto Cardenal no considera que la poesía es la “camisa férrea de mil puntas cruentas”, como la llamó Darío, sino más bien el lenguaje con el que se traduce la vida. Su poesía es un intento de acercarse de la manera más sencilla posible al misterio de la existencia; de ahí que desde sus primeras creaciones poéticas exalte el amor, el desamor, el compromiso político, Dios y el devenir humano. Su trayectoria vital y poética puede resumirse en tres momentos: el descubrimiento de la mujer, el descubrimiento de su ser social y por tanto del otro y el descubrimiento de Dios.

Junto a Carlos Martínez Rivas y Ernesto Mejía Sánchez, Ernesto Cardenal pertenece a lo que en Nicaragua se ha denominado la Generación del 40. Herederos del movimiento de Vanguardia, estos poetas, a diferencia de sus padres literarios, no reaccionan en contra de la tradición literaria, al contrario, sus obras reflejarán no solamente la influencia de los experimentos verbales vanguardistas, sino también, ese afán de belleza que muy tempranamente reconocieron en la poética de Rubén Darío.

De los tres poetas de esta relevante generación, Cardenal ha sido el que mayor resonancia ha tenido en el mundo literario. Su poética ha creado un movimiento literario en toda Hispanoamérica denominado Exteriorismo. ¿En qué consiste esta poética? Digamos que el exteriorismo es en verso lo que en narrativa se llamó “objetivismo”: anulación de elementos metafóricos, retóricos y líricos; el subjetivismo es remplazado por recursos que expresen y encaucen la corriente sentimental, algo así como el “correlato objetivo” de T. S. Eliot; el yo lírico es remplazado por una serie de personajes históricos o ficticios; en pocas palabras, la poesía exteriorista es la expresión genuina del anti-romanticismo. El mismo Cardenal nos dice: “El exteriorismo es la poesía objetiva: narrativa y anecdótica, hecha con los elementos de la vida real y con cosas concretas, con nombres propios y detalles precisos y datos exactos y cifras y hechos y dichos. En fin, es la poesía impura”.

El fervor suicida del vanguardismo por la independencia del lenguaje literario acá es visto como evasión descarada del compromiso social del artista con el pueblo. Y será ese compromiso social el núcleo central de la poética de Cardenal, al ser el discurso menos subjetivo, menos áureo, menos elitista, se acercará más al lector, será comprendido, asimilado y aceptado porque refleja su personalidad y su lenguaje; “usar las palabras del pueblo”, nos sigue diciendo Cardenal; sin embargo, no hay que considerar al exteriorismo tan sólo como una herramienta ideológica, su significación y engranaje son complejos y aún está lejos de ser comprendido, para esto, tendríamos que remontarnos a las fuentes de esta poética para observar en qué radica su originalidad estética.

Renovador y creador de un nuevo lenguaje, Cardenal es heredero de la poesía anglosajona y, principalmente, del imaginismo de Ezra Pound y T. S. Eliot. Como afirma Jorge Eduardo Arellano, en Ocho poetas mayores, Cardenal asimiló tempranamente la obra de sus maestros a través de la utilización magistral de sus recursos. Desde sus primeros escritos Cardenal demuestra la síntesis de sus influencias: collage, síntesis, rima interna, onomatopeyas, polisíndeton, superposición de imágenes, giros coloquiales, trozos de conversaciones y alusiones directas a otros textos. Sin embargo, el mayor logro de esta poética se encuentra en el uso especial que le da a la intertextualidad: paráfrasis o reescritura de textos históricos y religiosos. Las crónicas de indias, Los Salmos bíblicos, biografías, conversaciones escuchadas al azar, textos científicos y literarios, son reconstruidos a través del collage, del pastiche y la parodia, superposición de fragmentos, yuxtaposición de imágenes montadas y desmontadas un efecto poético parecido al del cine, es decir, un efecto poético realista, objetivo. Los Salmos bíblicos son actualizados con el contexto político social del mundo. Así en el “Salmo 5”, el poeta-salmista extiende sus plegarias a Dios para entonar su protesta contra los dictadores, gánsteres y sus armas nucleares.

En Oración para Marylin Monroe, su protesta es contra la deshumanización del capitalismo y “este mundo contaminado de pecados y radioactividad”. El individuo es rebajado a objeto, figura maleable, fetiche de esta sociedad frenética de derroche y consumo, de símbolos vacíos, imágenes vanas de las modas, mujeres, hombres de tiendas en escaparates de lujo. El amor es narcotizado, las pasiones psicoanalizadas. Todo descrito a través de un lenguaje sencillo, con una sintaxis cercana a la prosa, sin ser prosa. La poesía de Cardenal representa la “otra poesía”, su estilo está más próximo a la poética contestataria de los 60 que a la reservada, hermética, estilista y elitista del 40. Las funciones poéticas y metalingüísticas del texto literario son remplazadas por la función referencial. Su objetivo no es escamotear, esconder o sugerir, sino decir, acusar y demandar.

Los Epigramas o la fuerza arrolladora del amor

Publicado en 1960, Epigramas confirma a Cardenal como uno de los poetas más originales de la poesía hispanoamericana. La resonancia que tendrá este libro en la poesía de lengua española sólo es comparable a los Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda, en el sentido que será leído con voracidad y devoción por una gran cantidad de lectores ansiosos por nuevas experiencias poéticas. En el afán por encontrar formas expresivas menos herméticas y complejas, más bien claras y sencillas pero sin caer en la banalidad, Cardenal se deja influir por las enseñanzas poéticas de Ezra Pound y los descubrimientos que éste hizo de la poesía latina. El logro del poeta nicaragüense consistió en hacer de los epigramas una forma literaria eficaz para comunicar sentimientos y emociones experimentadas por cualquier individuo.

Muchos son los rasgos de la poesía latina, sobre todo de Catulo, que permanecen en los epigramas cardenalianos: el vocativo presente en la mayor parte de ellos: “De estos cines, Claudia, de estas fiestas…”, “Recibe estas rosas costarricenses, / Myriam…”; el tópico del carpe diem horaciano, la poca presencia de figuras literarias y retóricas, ya que el lenguaje es directo y su sintaxis cercana al habla cotidiana y, quizá la característica más importante, el tono confesional y autobiográfico de los poemas. Sin embargo, Cardenal prácticamente actualiza el epigrama latino, pues lo lleva más allá de la esfera privada de los amantes, sus epigramas no solo se quedarán en la experiencia solipsista del amor, también serán dardos venenosos contra la dictadura somocista y críticas corrosivas al poder que todo lo corrompe.

Dos grandes temas surcan los epigramas de Cardenal: el amor a la mujer y la lucha social. Para el poeta ambas experiencias no son distintas sino complementarias. Tanto la búsqueda de la mujer amada como la justicia social son actos de amor, desprendimiento y entrega. Cardenal no concibe la vida sin amor, perder a la amada es tan doloroso como perder la revolución; luchar por el amor de una muchacha es tan heroico como luchar contra la tiranía de los Somozas. Con Epigramas, además de consolidar la estética del exteriorismo, Cardenal revela que el amor es una fuerza arrolladora que atraviesa su obra y su vida.

Los Salmos: “Escucha mis protestas, oh Dios"

Al igual que Epigramas, Los Salmos es un libro que tuvo una gran repercusión en la tradición poética hispanoamericana, si en aquella obra Cardenal se revelaba como un poeta amoroso y comprometido con la reivindicación social, en este revela el descubrimiento o encuentro con Dios. La clave de Cardenal en estos poemas fue haber bajado a Dios del pedestal en que lo tenían las autoridades religiosas, su Dios es humano y condena la injusticia, la voracidad del mercado y la banalidad del mundo moderno.

En muchas entrevistas Cardenal ha mencionado que su poesía no busca la pureza, sino la comunicación inmediata con el lector, los recursos empleados en la elaboración de sus poemas están al servicio del mensaje y no solo de la estética. En este sentido, la mayor parte de los textos que conforman Los Salmos tienen como recursos principales el tono conversacional y el intertexto; cada uno de los poemas es un diálogo que el poeta establece con su Dios personal, a este Dios clama para que libere al ser humano de las guerras nucleares, de la influencia de los medios de comunicación y del egoísmo de los poderosos. En esta conversación con la divinidad Cardenal se apoya en los Salmos Bíblicos atribuidos a David, la Babilonia del profeta bíblico es la Nueva York de nuestro poeta, el peligro que amenaza al pueblo escogido por Dios ya no es la fuerza del maligno, sino el imperio voraz que corroe al mundo y reprime a los desprotegidos.

No nos arriesgamos al afirmar que el gran tema de Los Salmos es el amor. La imagen de Dios que nos transmite Cardenal es la de un Dios amoroso que se conmueve por las plegarias de los marginados: “lo bendices / lo rodeas con tu amor / como con tanques blindados”. Los Salmos de Cardenal marcan el camino para una nueva etapa en su poesía: la revolución. A esta etapa le consagrará una gran parte de su poesía, pero siempre con esa característica que ha hecho de él uno de los poemas más importante de habla española: la fuerza redentora del amor.

Víctor Ruiz

Nació en Managua, Nicaragua, en 1982; es autor del poemario La vigilia perpetua (Leteo ediciones, 2008) y poemas suyos han aparecido en las antologías Poetas, pequeños dioses (Leteo ediciones), Cruce de poesía (400 Elefantes) y en la revista mexicana Círculo de poesía. Su crítica literaria está publicada en la Revista de Lengua y Literatura del Centro de Investigaciones Lingüísticas y Literarias de la UNAN-Managua, en donde labora como docente, así como en la revista El Hilo Azul, del Centro Nicaragüense de Escritores. Es jefe de redacción y editor de la revista Álastor.