Hipótesis para una vigilia perpetua

Una lectura del primer libro del poeta Víctor Ruiz, a diez años de haberse editado en Managua por Leteo.

Fotografía de Sergio Palma (ver galería completa).

Cada vez que a mis manos llega un texto de un joven autor, no dejan de embargarme dos sentimientos: alegría y esperanza. Alegría porque la producción literaria en Nicaragua continúa contra viento y marea. Y esperanza de encontrar escritores o escritoras que mantengan con cierto nivel de decencia literaria, la línea de flotación del barco de la poesía nicaragüense o sepan elevarla en lo más alto del palo mayor o de la chimenea del mismo trasatlántico.

Pero no pocas veces la esperanza se me convierte en frustración cuando la cancioncilla o el relato en cuestión de jóvenes y jóvanas, no logran ver más allá del ombligo, los vómitos de rigor, la anécdota de torpe hilo inextricable o el suicidio atroz en un balbuceante manejo de las formas poéticas.

Con La vigilia perpetua (Leteo ediciones, Managua, 2008) de Víctor Ruiz (Managua, 1982), mis dos elementales sentimientos se han realizado plenamente. La vigilia perpetua es una obra muy bien estructurada en cuatro estancias: I. Bocetos sobre tu cuerpo; II. Postales urbanas; III Del oficio insomne y IV Escrituras del insomnio. Hay en Ruiz una capacidad estructurante de su material poético, sentido de la gradación y la entrega, lo que probablemente contribuyó a que obtuviese el Primer Lugar del Concurso Interuniversitario de Poesía Carlos Martínez Rivas 2005.

  1. La estructuración de La Vigilia Perpetua parte de la acción erótico-amorosa de Boceto sobre tu cuerpo, pasa por el remanso de Postales Urbanas donde el corpus sobre el cual se inscribe, se traza o se marca la escritura es la ciudad; luego arriba al hecho poético (poein/creación) concebido como un Oficio insomne y regresa, en perfecta circularidad mítica a la acción concreta de las Escrituras del Insomnio.
  2. Hay en esta obra de Ruiz una dialéctica del poeta como viajero que parte de la noche de un cuerpo y de las pequeñas muertes (petite mort) del orgasmo (según Bataille) para fundar el factum de su escritura poética. Una escritura poética inscrita sobre cuerpos: el cuerpo de la mujer, el cuerpo de la ciudad, el cuerpo de la poesía, el cuerpo de la escritura. Cuerpos que nacen, viven, vibran de placer, se alimentan y mueren cotidianamente todas las noches pero que perviven en la llama doble del eros y poeisis.
  3. En el plano de la intertextualidad, La vigilia perpetua sobresale por su riqueza en abundancia y selectividad elitista. Son muchos los vasos comunicantes establecidos por Ruiz con una corte de poetas y escritores de consumo no común por parte de su generación. Y es en este nivel donde postulo como hipótesis que la productividad poética de Víctor Ruíz está más ceñida al conceptismo quevediano que al culteranismo gongorino.
  4. Hay efectividad, economía, no gasto inútil de palabra y hay conceptos rectores que limitan su polisemia poética. Sin padecer lo lúdico, estipendioso, abundante, derrochador, pero polisémico, vital y divino del culteranismo gongorino, los textos de Ruiz padecen de univocidad sémica lo que para mí la sitúa antes de la manera de poetizar propias de las vanguardias del siglo XX. Y esto para mí es más un defecto que una virtud.
  5. Hay en los textos de Ruiz, una voz ceñida pero original capaz de dialogar con cualquier poeta vivo o muerto sin perder su timbre particular. Esto se puede observar en la estancia I. Bocetos sobre tu cuerpo, donde el diálogo intertextual con la poesía de Octavio Paz se revela como fructífero, productivo y no enajenante. Ruiz se libra de ser calco o copia de Paz. Son sus propios pasos en la noche los que resuenan en nuestros oídos, son sus propias angustias frente al señorío de las palabras y es propio su horror vacui frente a la página en blanco donde se inscribirá la escritura para vivir en su muerte.
  6. Hay una magnífica productividad textual en La vigilia perpetua de Víctor Ruiz, que juega en la dialéctica batailleana del erotismo humano, conciencia de la muerte y fundación antropológica o íntima de la escritura. Imagino que algunos coetáneos de Ruiz podrán criticar e interpretar con mayor propiedad el evento de su obra.
  7. Los sonetos que Ruiz publica en La Vigilia perpetua son de una extraordinaria calidad quevediana. Un verso de ellos será tan memorable como aquel de Don Francisco que a la letra dice: “polvo serás mas polvo enamorado”, Víctor ha logrado acuñar este verso memorable “y ceniza en el seno de la muerte”.

Por mi parte agradezco al poeta Mario Martz D'León, haberme solicitado presentar La vigilia perpetua, breve pero importante obra de un joven autor como Víctor Ruiz, a quien le auguro un venturoso desempeño en la escritura literaria en lengua española.

 

 

La vigilia perpetua puede leerse y descargarse gratuitamente en nuestra sección de Libros, en este enlace.

Anastasio Lovo

Poeta y ensayista nacido en 1952 en Bluefields, Nicaragua. Estudió literatura en la Universidad de Chile y en la Universidad de San Marcos de Lima, Perú. En 1973 mereció un accésit del Premio Apollinaire de Poesía de Barcelona. Durante su estadía en Chile participa en talleres de poesía impartidos por poetas como Nicanor Parra y Enrique Lihn. Es docente e investigador jubilado del Instituto Martin Luther King de la Universidad Politécnica de Nicaragua, Upoli. Entre sus obras destacan Mitopoiesis (1973), Sonata del poder (1979), Soles de eternos días (1999), Carlos Martínez Rivas: una poética de dimensión humana (2012) y la recopilación de su obra poética Los frutos del deseo (2012).