Cinco poemas

Entre el fluido de la prosa y la musicalidad del verso, diferentes voces evocan experiencias traumáticas como la guerra o sutiles como la fuga de dos jóvenes amantes. 

otografía de Ernesto Castro Mora, artista invitado en este número (ver galería completa).

Presentamos una selección de poemas que cabalgan entre el fluido natural de la prosa y la rigurosa musicalidad del verso. Simultaneísmo y brevedad, en ellos diferentes voces en tiempos y espacios diferentes evocan experiencias traumáticas como la guerra o sutiles como la fuga de dos jóvenes amantes, todo a partir de imágenes poéticas que nos recuerdan los ejercicios pictóricos de los impresionistas, en los que el tiempo, más que “río que nos destroza”, es el instante que nos redime, la memoria que nos abraza.

 

1

 

Han lanzado una pareja de llaves al Sena. Dos nombres grabados en la metálica piel de un candado quedan expuestos a los extraños transeúntes del Pont des Arts.

 

Escapa de pétreas posturas

            del nocturno silencio

 invasor de galerías y supinos poemas.

 

Fontaine des Fleuves

 

Brota con el agua de los peces.

Arrodillado:

abre sus alas,

toca lentamente sus mejías,

cierra los ojos.

 

Una joven pareja faltó al colegio, decidió correr las bicicletas del río que entrega nuevas sensaciones a la piel de vestales uvas; río que observa fugitivos uniformes tenderse sobre el pasto y entrelazar sus raíces bajo la sombra del imperceptible tiempo.

 

En su vientre ha nacido una planta,

ígneo follaje definiéndose 

en la densa niebla de su pecho.

Su cabello sueña con las flores

mientras mil aves postran su canto.

Los violines de La Primavera.

 

Después de tontear por días con temor a la cercanía, con la velocidad de dedos castos ligeramente golpeando una superficie cristalina; después de tantos vídeos dedicados a abrir sonrisas por donde ingresan suspiros feraces; después de encontrar un sitio común para depositar sus gustos, sus odios, el escondite de marcas y lunares; después del silencio enojado y nuevamente los dedos pidiendo disculpas; se fueron en busca del primer beso sin permiso ni consejos ¿Cuántos primeros besos pueden encontrar zagales bisoños con sus labios, acróbatas de la imaginación?

 

Despojado del arco y sus flechas

va por el mundo, en sus manos

una red luminosa se extiende.

                             desciende

sobre el mar de peces solitarios.

 

 

(nueva estación)

 

 

 

 

 

2

 

The Thunderer marcha con la fantasmagórica banda. La noche crepita, con su luna y faroles, en la mancha de sangre alargada sobre el andén, sobre una Purple Heart. Había arrastrado su cuerpo perforado hasta el umbral de El Viejo Bar donde se embriaga el autor anónimo de consignas gritadas sobre paredes de baños públicos, donde empobrecidas luces se desprenden del techo para mojar el esguince de cada rostro reflejado en los charcos de embriagadas mesas.

De pie se puso,

colocó su testa bajo el brazo.

Con cada pisada debilitó cualquier sonido,

                            encendió velas en ojos vanos.

 

Ahora hace silencio en el mundo

Ahora pretende nunca haber sentido ese miedo:

 

“En una guerra por la libertad

no se tiene libertad para preguntar por ella.

 

Cuánto dolía mi cuello por el peso del casco.

Cuánto dolió acostumbrarme al estruendo y a la sangre.”

 

Cuantioso trago.

Sienta su enorme copa a media asta.

 

Después del combate

volé, con moscas triperas, de cuerpo en cuerpo

salvando moribundos murmullos

verificando el paso de Almawt.

 

Mi rostro pálido,

rendido al miedo,

             al asco,

fue la última imagen

en los ojos de cinco soldados,

                  de cinco criaturas,

                                mujeres, no recuerdo.”

 

Su memoria pierde el equilibrio.

¿A cuántos cuerpos lo habrá atado el alcohol? ¿A cuántos dolores? El plomo que hirió los frescos en Bagdad ahora hiere sus bilocadas palabras, lo hace temblar en logofobia.

 

Mis brazos conocen el peso de la muerte,

la metralla habita en esta pierna

y esa primera bala aun vuela

silbando cuando apago las luces.

No hay tranquilidad cuando morteros

estallan en el escaso sueño.”

 

El estigma pasó por cada mesa llenando las copas — ¡Débil! ¡Eso es lo que sos: un débil y cobarde de mierda! — Tirado sobre el piso entregó su rostro a las palmas de sus manos, sintió otra vez la pesada eternidad del sol, el olor a sangre mezclada con tierra.

 

¡De qué cabeza habrá caído esta fruta podrida?

¡Acaso el soldado tiene prohibido soñar aunque

nunca dormite?

 

Hoy nos reímos del horroroso pasado mientras observamos inocentes hombrecillos columpiarse entre el polen que emana de nuestras manos rotas, mientras en el desierto retoñan flores entre pequeñas brasas.

 

 

 

 

(purple heart)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3

 

la tierra gira

ingenuas fichas galopan al campo de batalla

la muerte relincha a mis espaldas

con su metálico casco escarba… su sombra

 

 

4

 

cruento combate

en Taji, carpanta canina

devora los sesos aun tibios entre el zumbido

moscas inquietas

 

 

 

5

 

un buen soldado vive de pie

                           muere de pie

quizá entonces obtenga reposo

 

Alain Pallais

Alain Pallais (Managua,1975), poeta, traductor, ilustrador y soldado. Estudió arquitectura en la Universidad Nacional de Ingeniería de Nicaragua y diseño gráfico en Los Angeles City College, California. Como soldado ha adquirido diversas preparaciones técnicas y militares. En el 2004 estuvo movilizado con el US Army en Irak donde dedicó parte de su tiempo libre a escribir poesía. Sus traducciones, poesía y gráficos han sido publicados en Álastor, Círculo de Poesía, Des Honoris Causa, Revista Hispanoamericana, La Prensa Literaria, Nicas en el Exterior. Actualmente reside en California donde alterna la literatura con su trabajo técnico en el Departamento de Defensa.