Ciudades, cuerpos, paisajes y una bestia

Pequeña muestra seleccionada por la autora.

Fotografía de Ernesto Castro Mora, artista invitado en este número (ver galería).

“Siempre debe haber un momento en que seamos capaces de protestar”

                                                                                         Elie Wiesel

 

 

La bestia

 

Qué más quisiera yo que escribir

para el pueblo

Antonio Machado

 

 

Hay un maldito tren con un vagón

de ida hacia la muerte

donde suben los desafortunados

en busca de un mejor café

 

Para y roba sueños

que nunca existieron

sueños que ni siquiera durmieron

dejando la memoria virgen

 

En él suben las mulas de los narcos

los sin olores, los descarrilados

con el dolor de fósil podrido

y abandono como ‘La hojarasca’

 

Hay un maldito tren descalzo

lleno de voces apagadas

cobrándose el último aliento

entre los escombros hurgando

ojos al insomnio moribundo

 

En el vagón de la muerte

se empacan a despertar realidades

espejeando tristes verdades

suicidio colectivo, matanzas y delitos

sin un porque

 

Invasores de felicidad roban vidas

secuestros muertes que no desprenden

como una adicción devorante

amordazada al mal

 

Hay un maldito tren que regresa

a cobrarse muertes a la vasca

llevándolas a la basura de Occidente

 

Termina vidas que aún no nacen,

ronda niños asustados,

recién nacidos defecan sin mamar

cuando los bichos entre vagones

se los chupan

 

Los colgados viajan entre filas

hablando del allá que nunca han visto

historias de corrupción

se hacen realidades

 

¿Qué diablos pasa aquí?

 

La bestia de metal

desplaza pueblos fantasmas

mansos se dejan golpear

mutando prisioneros de su propia piel

cuando se salpican a mares extranjeros

en huellas del terror

 

Lugar de cruces desaparecidos

donde el viento hace correr lento

Las abuelas pasan fundas

de tortillas y agua

 

La patrulla fronteriza detiene mujeres

madres niñas, las viven las usan,

se adueñan de su miedo

 

Maldito el hombre que tira creencias

en el vagón de la muerte

calcinándose en la estepa del sondeo

 

No hay piedad ni palabras

todo partió a la caca de potrero

sin ganado

 

Estas vidas no tienen acúmulo

no pueden ni vivir

el momento del suicidio colectivo

 

¿cuantos caminos dejaron sin andar?

 

Centro América corre el camino

de los indocumentados

menos que muchos regresan

sin señal en bolsas negras

otros se pierden entre escombros

peor que el susurro del mercado

 

Ellos querían hacer otra cosa

con su vida infiltrarse a un mejor almuerzo 

 

El Paso del Norte los escupe de regreso

con alfileres en los pelos tejiendo el dolor oculto

 

Vagón de sur a norte

con interés al centro

deshaciendo tejadas en mi país

 

Porque aquí a lo lejos se arma el viento

y las epifanías caminan sin luz

en busca de sus Chamanes

 

Hay un tren maldito

maldito tren con un vagón de vidas pendiente

sin pistas a seguir

violando las flores de nuestra primavera

 

Ocurre que a veces

somos ese maldito tren.

 

 

Del libro: De Cuerpos y Ciudades

 

A veces

 

Yo no fui destinado a la realidad y la vida quiso

venir a verme.

                                            Fernando Pessoa

 

 

Solamente

la guitarra de Hendrix

y el vicio de leer

detienen mis lágrimas

 

Llega el martes, otro martes

y caigo al vacío

mientras soy habitada por otra:

la poeta de noche alumbrada,

desnuda ante su rima,

ante la prosa de un verso

 

Ante la voz de su nombre

aparezco yo.

 

 

Ellos

 

Si en El Salvador y Honduras

aparecieran todos los muertos

no habría tanto lugar para enterrarlos

 

Los desaparecidos

los que no tuvieron tiempo

porque el tiempo hoy

es una pregunta...

(Mientras

el Tica Bus continúa dando vueltas

por las calles)

 

Ellos

las raíces de la angustia y del desespero.

 

 

Bajo el manto escurre la grappa

 

El vino puede sacar cosas que el hombre se calla.

Alberto Cortez

 

Paséame por tu boca,

hasta lo más profundo de tu paladar,

róndame

mientras me acomodo a tus goces

 

Envíname la cosecha

bajo el manto que escurre la grappa

de mi néctar

 

Cátame hasta el cielo de tus labios

y devórame en compañía de una trufa

al recordar nuestros instantes

 

Envíname de nuevo

y vence el aire con tu aroma:

agítame, huéleme, disfrútame

tíñeme con el color de las uvas.

 

 

Villana

 

Me beberé tus algas, los licores

de tu más escondida, ardiente flora.

Rafael Alberti

 

 

Tómame en la oscuridad de hoy

y revela mi esencia de villana callejera

cruza el canal donde blasfeme mi ser

 

Lluéveme entera y expándeme sin preguntas

deja que mi cuerpo te susurre

mientras mi ser se construye de nuevo

 

Tómame de un salto

déjame retoñar trovando mi vulva hambrienta

(cretina que nace)

hueca como fosa hirviente.

 

 

Sederot: aldea Huj

 

Maldito el soldado que apunta su arma

contra su pueblo.

Simón Bolívar

 

Tel Aviv

pulmón enmascarado

de rojo manchas el Jordán

 

Por medio del genocidio

frente a ojos ignorantes

desintegras a Palestina

despedazando a niños inocentes

 

Que callen los cohetes de Hamás

en Gaza

Palestina, ¡carajo!

me duele cómo te parten.

 

 

Feisbukeando

 

A los cinco mil que me dejaron…

 

El mercado del pueblo

carece de olores,

ciudad sin fronteras,

sin visas,

como etnia del mundo

posees tu propio dialecto

 

Eres la passion fruit de la noche

pueblo sin fronteras

en ti aparecen los desaparecidos

los buscados y hasta los no codiciados,

origen de casamientos y machetazos;

el vecino Twitter constantemente te reta

pero carece de tus paisajes y de un fan page

 

Vampiro del tiempo

donde visitantes quedan rumiando

anestesiados, conquistados por un like

en delirio se queman los quehaceres

 

A veces los líderes

se piensan Eros o Dulcinea

desafiando la etnia de Cervantes

se apoderan de Darío mientras otros en vela

cosechan ventanas ajenas

 

Tu patio conectado a YouTube,

por la ventana del lago políticos en espera

piden donaciones, niños perdidos

men and women viven del eco “me gusta”

 

¡Pueblo!

Facemash, Social Network

eres una selva sin mosquitos.

                

 

Del libro: Las horas de aquel paisaje

 

Confesión

 

El cielo azul despierta en otro vientre

La testa del venado acaricia su encierro

 

tu sudor

termina el tiempo

 

de un galope,

sin poder confesar lo vivido

 

Es un suicidio vivir historias

en tu mirada

 

No enfrentarse con la serenidad de un lago

morir en tus brazos como el oleaje del mar

 

De paso, caen hojas,

la brisa despierta,

 

tu sonrisa premura en el eco del jardín

todo el otoño.

 

 

El escape

 

En el vino y el alfabeto de las noches

 

Un beso tinto sostiene la distancia

 

No corras para alcanzarme,

avanzo detrás de ti,

camina hasta que anochezca,

camina lento,

en silencio

y enlaza los dedos entre las estrellas del camino

 

Estoy más cerca de lo que imaginas,

escucha el violín,

                          el arpa

                          respira las rosas,

                          lame las uchuvas

palpa la guitarra

 

En los sueños que sueñan

con el puente de tus piernas

y deja que el rocío de la noche

se desborde.

 

 

Naturaleza

 

El lago que se ve

más allá

del otro lago

no fluye

como río, tampoco

como mar,

fluye como yo

frente a este lago

que se ve

más allá

de otro lago.

 

 

Éxtasis

 

Entre el deseo y el hambre

 

Sin penas que llorar

 

en la pasión

de los orgasmos atrapados

 

Escucha mi respiración

el éxtasis

de caminar en ti.

 

 

I

 

A Chiqui Vicioso

 

¿Para quién viste una mujer?

¿Para quién viste una mujer que no niega su feminidad?

Viste su cara de cualquier alegría y cualquier tristeza; Compra

zapatos a rédito. La vecina le presta un collar, le regala un espejo.

A veces su estatura cambia, como cuando ella cambia de ropa.

No puede cubrirse con una nube por el dolor:

se declara disecada de el.

 

II

 

Una mujer se viste con el frio de su intimidad para cubrir sus cicatrices,

por la nostalgia de sus caderas y para no quedarse en la cocina,

la cama o en la vitrina de un balcón.

Se viste cuando el viento la atrapa como a Rosa Park. Dentro de la niña que no pudo vivir en ella, los ojos cerrados y las puertas abiertas de su patio interior.

 

III

 

¿Para quien se desviste esa mujer?

Se desviste por aquellos encuentros marchitos, por el tiempo

donde se enseñó a nombrarlos y donde ya nada cabe en la premura

de un ombligo.

 

IV

 

Esa mujer se desviste por la igualdad, por el semen todavía seco

en su cintura.

 

 

Solo entre tantos

 

Un museo es un cementerio

de engaños

Un caribe entre glaciares:

nadie sabe quién nos abriga

a la entrada de los años.

María Farazdel (Palitachi)

Nacida en República Dominicana, reside en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, donde ha desarrollado su carrera literaria como poeta, conferencista y editora. Formada en Hunter College, NY (BA), Fordham University (MA) y Long Island University (PD), es autora de My Little Paradise, Entre voces y espacios, De cuerpos y ciudades, Las horas de aquel paisaje, Once puntos de luz Infraganti, y compiladora de la trilogía Voces de América Latina, una amplia muestra de poetas y narradores de todo el subcontinente. Miembro del PEN Club of America, el AIPEH de Miami y de los poetas dominicanos en EE. UU., su obra —traducida al inglés, francés, italiano, serbio y árabe— está presente en más de una veintena de antologías.