La ausencia es un hábito pequeño
En los versos de José Ascención López, las imágenes desgarradoras como rostros bajo el ácido o la navaja conviven de manera asombrosa con destellos de honda dulzura, la paz de unas pocas palabras verdaderas y el refugio del amor. Así, su lírica se convierte en una resistencia ante el horror, un desvelo que busca encontrar belleza y memoria entre el humo, las cenizas y las ruinas cotidianas.
Fotografía de Laura tomada de Pixabay
La ausencia es un hábito pequeño
Cada destino
tiene su propio temblor
como la pena teje
su salida
en cada esperanza ciega.
Descubrir una puerta
I
Descubrir una puerta
en el sueño
en tu sueño
es demostrar que el enigma
viene entre nieblas
Por eso los girasoles duermen
y tú vives espirales
te deslizas como espía
como besos
como llave
Yo te escucho
y una estrella
en forma de lobo
entra y sale por tu ventana
II
Sabes que en las soledades
viven monstruos
olvidos
bestias materiales
que crean pesadillas
en las calles
como castillos fríos
pero entre tú y yo
las cenizas
son llamas
tierra frente a una red de hojas
mirando
lo que no quieres ver
III
Eres siempre el humo
el fuego
Mis canciones
saben
a agua salada
En cada nube
está la resistencia de los mares
Mi voz
es la canción de un barco hundido
Cada día se levanta con hambre
La noche
es una violenta revelación
del miedo y los amores
del viento que repite rostros
de la boca que recorre espejos
del cuerpo que crece en azares
de la luz de velas y focos
del desempleo
de brujas gordas con su teatro a cuestas
del insomnio blanco y sin alegría
de alas raras en besos y miradas
de la sabiduría que elige profetas
Una señal cabe en un día
Cada caída en los lunes
o en las mentiras
o en las patrañas de la lengua
tiene el rostro de las letras de un muerto
De cómo una vez te vi en una isla
Camino y cada bache es un abismo
mezcla de chapopote jazz
y los reinos gigantes de tu cuerpo.
Soy la forma confiada de muchas voces
de muchas alegrías
un instante donde el aire sueña galaxias
un milagro que va y vuelve
como tus ojos
tu boca
y la nada.
Tú te llamas así
Para no quedarme en esta tierra sin humedad
busco un papalote
un rehilete
mis manos llenas de arena
mundos que tus sueños no conocen
un ser de espuma
en el bosque del olvido
las miles de estrellas perdidas sobre los ríos
los recuerdos de combates imposibles
una mariposa relámpago en el monte
la roja tristeza de la invención de la memoria
la sed.
Mi vida tiene un laberinto que habla
II
Siempre estoy entre el fuego que se enciende
y se apaga según medida
en el río que no permanece
que no nos hace permanecer
El fuego y el agua no olvidan.
Tus labios tienen la vida de mi lámpara
Para V. V
Entre las formas que son inevitables
está la del puño cerrado
el poema de los niños que se inserta entre el polvo
el sabor a fierro en la boca
las lámparas de mi casa
la buena suerte de encontrar en una bandera el fuego
el ladrido alegremente memorable en la noche y el día
los golpes de martillo contra la superstición
la trenza de una mujer de ojos de altura y onda
el trago de mezcal que no aniquila
las fotografías que saltan como peces fuera del agua
los muñequitos y los libros
el refugio sin charlatanes ni ladrones
los que no dieron agua ni pan ni mermelada
los que lanzaron arena y demagogia
el coraje nocturno contra los asesinos y los cínicos de buenos sentimientos
el francés haitiano que llora en el idioma de todos
la batalla contra los falsos pensamientos
el violento batir de alas de los cuerpos que cargan cuerpos y almas
las lágrimas que se me vuelven herida
el corazón que late en ruso japonés hebreo español inglés alemán
el joven rugido de los besos a través de la ciudad desolada
las sirenas sonando entre puentes y escuelas
los valientes brazos cansados de los que no quieren nunca la muerte
la niña que reza
el viento que no nos mira
y sobre todo
tú que estás aquí
en el centro de la luna.