Lo mórbido es la única belleza que tiene sentido

«nací de una herida / la atravesé para salir / a la intemperie». Cuatro poemas desde Puerto Rico.

Fotografía de Sergio Palma (ver galería completa).

A 7 horas del final

 
en el exterior:
la sinestesia de la cosecha
un cohete en colisión atravesando
un campo de ciruelas
 
en el interior:
la única ventana ahora dislocada
en su crujir nos invisibiliza
con su conjunción astronómica
y apolillada
 
el eje se tuerce, el umbral se encorva
el mismo vaso mortecino aparece
sobre una mesita de otro mundo
abducido por la luz de una lámpara apátrida
 
un borrón de lluvia parece acabar con todo
cada segundo es un ser supremo.

 

 

 

En un ocaso cualquiera

 
en el patio, a contrasol
hay un tendedero de ropa funesto
en él cuelgan tres trajes, dos de ellos
fermentados de mar y epilépticos
el otro, deforme por la radiación que lo traspasa
es una historia incompleta en el gentil oscilar
de su tela
 
son fantasmas que palpitan
y riegan el espesor de la materia
sin temor a su deformidad
como el traje de la derecha más cercano al alba
con su secuencia negra entre la cadencia
de todo lo que se perdió
 
la unión de todas esas arrugas
y declives
hacen la simetría perfecta
 
ya no hay pasado ni tejido que nos habite
lo mórbido es la única belleza que tiene sentido
como ese cuarto traje que ignoramos
desolado y digital
que el viento dejó bajo la sombra del guayabo
lleno de un fulgor extraño, bebiendo del suelo
los temblores
 
 
 

Residuos

 
1.
soy borde / borde contra esquina
al ras de la grieta próxima
 
arista deforme por la sombra
espacio-nada / o / preparto
 
astillado como una escena
mi cuerpo el sopor de un recuerdo
 
 
2.
pero no decirlo en voz alta
que me escuchan los vecinos
y dirán que sigo aquí:
 
borde contra borde
vórtice de todo / al socaire
de la permanencia
 
entrando en fisuras transitorias
llegando a ninguna parte
naciendo / incansablemente
 
 
3.
ese día no nací / fue el otro
del otro año / quiero
decir / ese / pero al revés
 
hacia declive
o / bajo un eclipse enfermo
sobre una arena desplazada
 
mejor dicho / día de verano
 
 
4.
pero no / ese día no nací
fue alrededor de los vecinos
sobre una mesa de ping pong
debajo del sol de julio
 
allí estaba / memorizando
el vacilar de los reflejos sobre
las miradas inanimadas
 
y sentí el persistir del instante                                                                                     
la insistencia de la vida
 
 
5.
nací de una herida
la atravesé para salir
a la intemperie
 
 
6.
mi pierna izquierda fuera
mi pie rozando la superficie
 
una muchedumbre reunida
eufórica. mi cuerpo mudo
 
una luz asquerosa se mete
en todo lado / y desfigura
 
aún el mundo no es nada
 
 
8.
estoy presenciando el final de todo
 ¿eso me hace cómplice?
 
 

Signo de julio

 
la sed de julio fue un alivio
la bifurcación en el tiempo
donde la danza nunca ocurrió
la retrospectiva, la delicada arruga
como una orilla de un labio muerto
o de una ruina que crea una memoria
donde se forma otra raza de elementos
 
fingiendo una condición humana
en medio del efluvio de la ceniza
perdíamos la gracia y el verano.

Jonatán Reyes

Escritor y editor nacido en San Juan, Puerto Rico, en 1984. Ha publicado los libros Actias Luna (2013), Sunny Sonata (2014), Aduana (2014), Filmina (finalista del premio internacional de poesía Pilar Fernández Labrador, 2016) y Perdíamos la gracia y el verano (2017). Su poesía ha sido publicada en Colombia, Argentina, Venezuela, España, Grecia, Italia, Brasil, Ecuador, Estados Unidos, Chile, Bolivia y México; y ha sido traducida al italiano, griego, inglés y portugués. Obtuvo el Premio Internacional de Poesía Gastón Baquero 2018 por su libro Data de otro ardor. Es director y editor de la revista de poesía Low-fi ardentía.