Heterocity: Diversidad sexual, matrimonio y masculinidades en El Salvador

Representaciones de género en la novela de Mauricio Orellana Suárez a la luz de los procesos de reforma constitucional para impedir el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Foto de Luigi Esposito Jerez (ver galería completa en Álastor).

A manera de introducción

Adentrarse en temas de cuerpo, género o sexualidad en El Salvador es un desafío que pocos autores se han atrevido a realizar, debido principalmente a la connotación de tabú que se ha designado por parte del pensamiento conservador imperante en el país. El conservadurismo ha tratado de ocultar el cuerpo, el género y la sexualidad de los discursos públicos, académicos y oficiales, dando como resultado una poca producción académica y literaria sobre esos ámbitos. Obras que aborden la sexualidad en su dimensión amplia o específica de grupos o sectores de la población son casi inexistentes.

En un trabajo arqueológico el antropólogo lingüista Lara-Martínez (2012) analiza una serie de producciones literarias a lo largo del siglo XX, en las cuales se revela que se esconde la dimensión sexual de lo político en la sociedad salvadoreña por medio de la remisión al olvido de la sexualidad, el género y el cuerpo como una acción “política y cultural” (Lara-Martínez, 2012, p. 147). No obstante, a mediados de la década pasada en la literatura salvadoreña surgen obras literarias disidentes a esa política del silencio del cuerpo y la sexualidad: Injurias (Lindo, 2004), La fiera de un ángel (Chacón, 2005) y Bello amigo, atardece… (Lindo, 2009), poemarios; Ángeles caídos (Soriano, 2005) y Ciudad de Alado (Orellana, 2009), novelas; en las cuales la temática principal gira en torno a la construcción, expresión y consumación del deseo homoerótico de hombres homosexuales en el ámbito urbano de San Salvador. Constituyendo esta producción, por una parte como ruptura, pero por otra, como continuidad dado que la visión androcéntrica de las minorías sexuales es la pauta. Las historias de vida, placeres, deseos y rebeldías de mujeres lesbianas, bisexuales, mujeres y hombres trans no se trataran en este escrito, sino que se dejan para otra oportunidad, ya que el foco en esta ocasión son hombres gay.

Continuando, si se le puede denominar a lo anterior como apertura literaria, aparece Heterocity (2011), de Mauricio Orellana Suárez. Esta obra continúa con la visión urbana y androcéntrica de las minorías sexuales, pero su valor es el de constituirse en un documento que cuestiona atrevidamente la estructura heteronormativa patriarcal y al mismo tiempo da una visibilidad política y social de las minorías sexuales no representadas en el contexto salvadoreño. El eje narrativo de la obra presenta la historia de vida de Marvin Díez, un hombre gay urbano, con estudios universitarios, 25 años y escritor como intento de profesión. El escenario ficticio que construye el autor gira en torno a la demanda y proceso de reforma constitucional para que personas del mismo sexo puedan acceder a las instituciones que ofrece el Estado para regular las relaciones entre dos personas: uniones matrimoniales, no matrimoniales; y además la adopción por parte de parejas del mismo sexo. El escenario anterior es contrario a lo sucedido en El Salvador en los últimos 12 años, donde el conservadurismo y los fundamentalismos religiosos han promovido nueve tentativas para negar el acceso a personas del mismo sexo a la institución civil de unión matrimonial, no matrimonial y la adopción.

El objetivo de esta colaboración es analizar las representaciones de la masculinidad que se construyen en la novela Heterocity, al tenor de los procesos de reformas constitucionales discriminatorias para prohibir el matrimonio y la adopción a personas del mismo sexo. Para abordar las representaciones de las masculinidades retomaré las ideas centrales que propone Raewyn Connell, socióloga australiana, sobre la Construcción social de la Masculinidad (2003). Para abordar este eje, considero importante contextualizar en un primer apartado ese proceso discriminatorio que intenta cerrar constitucionalmente la posibilidad del matrimonio y la adopción de niños por parejas del mismo sexo que se encuentra vigente en el país. Luego, en un segundo apartado, se realizará un análisis de los personajes principales que se presentan en Heterocity y sus adscripciones con un tipo o varios de las representaciones de la masculinidad propuestas por Connell, estableciendo conexiones con hechos históricos que marcan la vida cotidiana de la población LGBT en El Salvador contemporáneo.

 

1. Entre la resistencia y la discriminación: familias salvadoreñas LGBT

El proceso de reforma que se plantea al interior Heterocity retoma varios de los matices de discriminación y resistencia que al interior del país han sucedido durante los últimos 12 años debido al intento de restringir de forma discriminatoria el acceso a instituciones civiles como el matrimonio, unión no matrimonial y la adopción a personas del mismo sexo. La propuesta de reforma constitucional inició en el año 2005 promovida por el Partido Demócrata Cristiano (PDC), otrora partido político opositor a las dictaduras militares, pero que desde el fin de la guerra fue perdiendo interés por el electorado. Aunque la acción promovida del PDC es de carácter local, el intento de negar constitucionalmente la institución civil del matrimonio entre personas del mismo sexo responde a una onda conservadora internacional iniciada en Estados Unidos.

En 2001, la abogada Mary Bonauto acepta llevar el caso de siete parejas de homosexuales a quienes se les había violado el principio constitucional de igualdad, al negarles el derecho al matrimonio en el estado de Massachusetts. El 4 de marzo de 2003, la abogada Bonauto presenta sus alegatos a favor del matrimonio ante los siete jueces del Tribunal Supremo de Massachusetts. El 18 de noviembre de 2003, Margaret Marshall hace pública la votación, 4 contra 3, a favor de los y las demandantes. Esta decisión histórica obligó al estado de Massachusetts a reconocer el derecho al matrimonio a todas las parejas que desearan ejecutar ese acto jurídico, independientemente del sexo de los cónyugues (Martel, 2014, p. 92-77). Esta acción legal despertó un “pánico moral” (Rubin, 1989) en los sectores conservadores norteamericanos, principalmente en fundamentalistas religiosos. Para restringir, discriminatoriamente, que el acceso al matrimonio entre personas del mismo sexo se estableciera por vía jurídica en los demás estados se promovió la realización de reformas constitucionales que especificaran que el matrimonio es un acto jurídico únicamente entre un hombre y una mujer. Este pánico moral conservador llegó hasta la región centroamericana.

Honduras fue el primer país en la región que prohibió el matrimonio entre personas del mismo sexo, por medio de una reforma constitucional. El 28 de octubre de 2004, en el Congreso Nacional se vota por unanimidad la reforma constitucional que prohíbe el matrimonio y la adopción por parte de parejas del mismo sexo. Esta reforma fue ratificada el 29 de marzo de 2005. En el transcurso de 5 meses se ejecutó esta reforma que niega derechos a las personas LGBT en Honduras. El texto constitucional de la reforma es el siguiente:

Artículo 112. Se reconoce el derecho del hombre y de la mujer, que tengan la calidad de tales naturalmente, a contraer matrimonio entre si, así como la igualdad jurídica de los cónyuges.

Sólo es válido el matrimonio civil celebrado ante funcionario competente y con las condiciones requeridas por la Ley.

Se reconoce la unión de hecho entre las personas igualmente capaces para contraer matrimonio. La Ley señalará las condiciones para que surta los efectos del matrimonio.

Se prohíbe el matrimonio y la unión de hecho entre personas del mismo sexo.

Los matrimonios o uniones de hecho entre personas del mismo sexo celebrados o reconocidos bajo las leyes de otros países no tendrán validez en Honduras.

Artículo 116. Se reconoce el derecho de adopción a las personas unidas por el matrimonio o la unión de hecho.

Se prohíbe dar en adopción niños o niñas a matrimonios o uniones de hecho conformados por personas del mismo sexo. La Ley regulará esta institución. (Asamblea Nacional Constituyente, 1982 [2014]).

En el caso de El Salvador, el 13 de julio de 2005 fue presentada una petición de reforma constitucional por parte de Rodolfo Parker, diputado del PDC. La petición consistió en limitar la institución civil del matrimonio entre un hombre y una mujer así nacidos naturalmente, negando al mismo tiempo la adopción por parte de parejas del mismo sexo. Los argumentos de Parker se fundamentan en la necesidad de evitar cualquier posibilidad de petición de reconocimiento de matrimonio realizado por cónyugues salvadoreños del mismo sexo en un país que ya lo tenga reconocido (Estados Unidos). El modelo de reforma que se ha intentado realizar fue el ejecutado en Honduras de tiempos cortos. Esto significa que, entre la aprobación y ratificación de la reforma únicamente deben transcurrir como máximo 6 meses. Así la aprobación de la reforma se hace al final de un mandato legislativo y su ratificación se intenta realizar a la entrada del nuevo mandato legislativo. El 30 de abril de 2006 fue aprobada por primera vez la reforma por medio de 46 votos.

El 1° de mayo de 2006 inició un nuevo periodo legislativo. En este punto, siguiendo el modelo de tiempos cortos para realizar la reforma, la ratificación era eminente en los primeros meses de la nueva legislatura. No obstante, la dificultad que existía para la ratificación era alcanzar los 56 votos necesarios. Esta dificultad es la que ha hecho que el proceso de reforma promovido en El Salvador se pueda denominar como de tiempos largos. Esto significa que se logra la aprobación de la reforma, pero no se obtiene la ratificación en la siguiente legislatura, teniendo que iniciar el proceso una y otra vez ante la negativa o imposibilidad de alcanzar los 56 votos necesarios, por eso existen 4 aprobaciones de la reforma en los últimos doce años, pero hasta el momento (enero, 2017) no se alcanza los 56 votos necesarios para su ratificación.

El punto de efervescencia de todo este proceso de reformas se encuentra entre abril y junio del año 2009. En abril, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) está en desacuerdo con la redacción del primer acuerdo, por tal motivo promueve una nueva redacción. Esta redacción en un primer momento es rechazada, pero por la necesidad de aprobar la reforma fue aceptada, aprobada y bajo el compromiso del FMLN de ser ratificada en la primera sesión de la nueva legislatura que iniciaría en mayo de ese año. El texto de la reforma fue el siguiente:

Art. 1.- Refórmase el Art. 32 de la siguiente manera:

"Art. 32.- Se reconoce a la familia como la base fundamental de la sociedad y tendrá la protección del Estado, quien dictará la legislación necesaria y creará los organismos y servicios apropiados para su integración, bienestar y desarrollo social, cultural y económico.

El fundamento legal de la familia es el matrimonio y descansa en la igualdad jurídica de los cónyuges. Serán hábiles para contraer matrimonio entre ellos el hombre y la mujer, así nacidos, que       con las condiciones establecidas por la ley. Los matrimonios entre personas del mismo sexo celebrados o reconocidos bajo las leyes de otros países, y otras uniones que no cumplan con las condiciones establecidas por el orden jurídico salvadoreño, no surtirán efecto en El Salvador.

El Estado fomentará el matrimonio; pero la falta de éste no afectará el goce de los derechos establecidos por la ley."

 

Art. 2.-. Refórmase el Art. 33 de la siguiente manera:

"Art. 33.- La ley regulará las relaciones personales y patrimoniales entre los cónyuges y entre ellos y sus hijos, estableciendo los derechos y deberes recíprocos sobre bases equitativas; y creará las instituciones necesarias para garantizar su aplicabilidad, Regulará asimismo las relaciones resultantes de la unión estable de un hombre y una mujer, así nacidos, y que no tengan impedimento para contraer matrimonio."

 

Art. 3.- Refórmase el Art. 34 de la siguiente manera:

"Art. 34.- Todo menor tiene derecho a vivir en condiciones familiares y ambientales que le permitan su desarrollo integral, para lo cual tendrá la protección del Estado.

Se reconoce la adopción como una institución cuyo principio rector será el interés superior del adoptado.

Estarán habilitadas para adoptar las personas que cumplan con las condiciones que la ley establezca. Se prohíbe la adopción por parejas de un mismo sexo.

La ley determinará los deberes del Estado y creará las instituciones para la protección de la maternidad y de la infancia." (Asamblea Legislativa de la República de El Salvador, 2009).

No obstante, el 1° de mayo de 2009 se efectuó la toma de posesión del Ejecutivo por el primer presidente de izquierda en el país. Tal acontecimiento trastocó los acuerdos y compromisos al interior de la nueva Legislatura para el periodo 2009-2012. En la votación de ratificación de la reforma en mayo del 2009, el FMLN niega sus votos para alcanzar los 56 requeridos para que la reforma fuera parte de la Constitución. Posteriormente se han llevado a cabo votaciones que intentan su ratificación, pero al no alcanzar los votos necesarios, se reinicia el proceso otra vez. Este proceso mantiene la constante de ser efectuado al finalizar el periodo legislativo en el mes de abril. Esta reforma constitucional discriminatoria aún es una posibilidad. El 11 de noviembre de 2016, Herman Duarte, abogado, presenta una Demanda por la Igualdad en la cual afirma que los artículos 11, 14.6, 90.3 y 118 del Código de Familia restringen, en forma discriminatoria, que personas del mismo sexo puedan acceder a las instituciones que ofrece el Estado para regular las relaciones entre dos personas: uniones matrimoniales y no matrimoniales (Duarte, 2016). Ante esta acción se presenta una iniciativa para ratificar la reforma constitucional por parte de diputados de la derecha conservadora.

Como contradicción de todo este proceso, para las organizaciones y colectivos de la diversidad sexual, en sus agendas de trabajo institucional y política entre 2006 y 2009, el tema del matrimonio y la adopción por parejas del mismo sexo no era una prioridad. Muy por el contrario, se promovía principalmente la necesidad urgente de protección y restauración de los Derechos Humanos básicos, como el acceso a la educación, salud, trabajo, vivienda, participación política y seguridad física de las personas LGBT, siendo esto su principal foco de actuación política. Las acciones ejercidas por la derecha conservadora y fundamentalistas religiosos, sus diferentes repetidoras institucionales y organizacionales, repercutieron localmente en la estructuración de un movimiento de diversidad sexual que ahora procura el mismo camino que personas y organizaciones de diversidad sexual en otros países: demandar y obtener derechos civiles en igualdad de condiciones sin importar la orientación sexual, identidad y expresión de género (Martel, 2014).

Los promotores de la reforma constitucional esperaban muy probablemente que fuera un procedimiento legislativo que se efectuaría en menos de 6 meses, pero en el intento de aprobación y ratificación en 2009, como fecha paradigmática, resultó todo lo contrario. Ante la posibilidad de que esta reforma fuera el inicio legal de restricciones de Derechos Humanos para todos aquellos que expresaran el género, la sexualidad y el cuerpo de forma diferente a la norma heterosexual, las diferentes organizaciones de diversidad sexual, prevención del VIH-Sida y activistas independientes se unieron en un movimiento unificado, llamado Alianza por la Diversidad Sexual LGBTI (Ayala, 2009) como contrapeso para debatir, confrontar, exponer y proponer ante la Asamblea Legislativa alternativas contra la reforma constitucional discriminatoria planteada por sectores conservadores y fundamentalistas.

La Alianza se volcó a ser pública y popular la discusión sobre la pretendida reforma por medio de diferentes comunicados de prensa, emails, propuestas a nivel de políticas públicas, denuncias ante la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos y participación en medios de comunicación nacionales, comunitarios y digitales (Ayala, 2009); mostraron los rostros diversos de lo LGBT salvadoreño con orgullo y dignidad en la defensa y lucha política de sus derechos. Esta visibilidad incluso impacta hasta personas salvadoreñas LGBT no organizadas, que se integran a los actos de protesta organizados en abril.

Pese a los actos de violencia homicida homofóbica ocurridos en el 2009 con lujo de barbarie (Ayala, 2009), las amenazas de bomba al momento de realizar la Marcha por la Diversidad Sexual en el mes de junio de ese año y las amenazas de muerte contra líderes y lideresas LGBT que registró la Asociación “Entre Amigos” (2010), la ratificación de la reforma constitucional para restrirgir discriminatoriamente el acceso a la institución civil del matrimonio y adopción por parte de personas del mismo sexo adquiere un sentido de “mito de origen”, utilizando las palabras de los antropólogos Fry y MacRae (1986), de la emergencia de un movimiento de diversidad sexual con reivindicaciones políticas marcadas por el reconocimiento de Derechos Humanos básicos tan vulnerados en el país, incluyendo el Derecho a la Familia. Esta reforma constitucional está orientada a hacer invisibles a las familias salvadoreñas LGBT existentes y negar jurídicamente derechos a este segmento de salvadoreños no representados políticamente, ya que se quiere enquistar un único modelo de familia salvadoreña.

Desde la década de 1950, se promueve la concepción hegemónica burguesa de familia nuclear compuesta madre-padre-dos hijos(as). La existencia de familias salvadoreñas LGBT es la clara refutación al modelo hegemónico de familia de los sectores burgueses conservadores; por ello estamos hablando de “familias” en plural en lugar de “familia” en singular, dado que la singularidad nos remite a un concepto de familia que debe ser patrón, convirtiéndolo de facto en un concepto discordante con la realidad del 62% de las estructuras familiares que ya no corresponden al concepto de familia nuclear tradicional, como muestra el informe del Programa de las Naciones Unidades para el Desarrollo (2010). No obstante, las propuestas políticas de partidos conservadores intentan solidificar en la Constitución una única forma de constituir las familias en El Salvador, fundamentándose únicamente en su rol reproductivo y heterosexual binario. Siendo esta la única respuesta institucional para dar soluciones a la crisis actual de las familias salvadoreñas.

La crisis del modelo hegemónico de familia salvadoreña nuclear y burgués se da por medio del cambio de estructura de familia nuclear al de familias monoparentales, que comprende a uno de los padres (en el mayor de los casos es la madre) y los hijos/as. O debido a la migración creciente se ha pasado a un modelo de familia que al mismo tiempo es transnacional, ya que incluye a uno o ambos padres que residen fuera del país dando el aporte económico y a los abuelos/as o tíos/as como figuras paternas físicas dando los estímulos afectivos y socializadores a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes. En este sentido, bajo el criterio de cambio de la familia nuclear al de la familia monoparental o transnacional, se produce lo que se ha llamado la crisis de la familia, que en esencia son los cambios y dificultades que se presentan en este momento histórico para cumplir con las funciones socializadoras, afectivas, comunicacionales y económicas de niños, niñas, adolescentes y jóvenes en un contexto marcado por la violencia, como es el caso del país.

La premura por prohibir el fenómeno social de las familias salvadoreñas LGBT es un intento del conservadurismo y el fundamentalismo religioso para mantener la idea férrea de que la única forma de ser familia es la constituida por un hombre-padre, una mujer-madre y uno o dos hijos/as-hermanos/as; dado un pánico moral no dicho a que el modelo de familias salvadoreñas LGBT pueda tener mayor éxito en cumplir las funciones socializadoras, afectivas, comunicacionales y económicas en esta época postmoderna en el contexto salvadoreño. Por ello el modelo hegemónico burgués de familia, de origen en la modernidad industrial, se desea aferrar a costa de cualquier precio.

También la promoción, defensa y promulgación de esta pretendida reforma ha sido un intento de ganar popularidad entre las masas populares conservadoras y fundamentalistas religiosos, para que los diputados o diputadas que enarbolen esta bandera conserven su curul en la Asamblea Legislativa. Circunstancia que han logrado mantener llamando a ese electorado fundamentalista en cada coyuntura electoral, prometiendo luchar por la restricción de las instituciones civiles del matrimonio y la adopción a personas del mismo sexo. Como menciona Andrea Ayala (2009), el conservadurismo considera esta restricción como “[…] necesaria para fortalecer los valores morales de la sociedad salvadoreña” y “proteger a la familia” (p. 20-21).  Siendo lo anterior los principales argumentos propagandísticos del pánico moral del conservadurismo y fundamentalismo religioso para evitar cualquier discusión política seria sobre los temas de diversidad sexual, expresión e identidad de género, sexualidad y cuerpo al interior del Estado. Los planteamientos moralistas se originan desde una concepción dogmática y fundamentalista de la religión. Intentando aferrar la homosexualidad como el elemento principal para los problemas morales que se experimenta en El Salvador.

Así Heterocity, enmarcada en ese contexto convulso como lo es la sociedad salvadoreña, nos introduce directamente a una discusión de las características principales de la masculinidad hegemónica en El Salvador: heteronormativa, violenta, homofóbica y clasista. Estos son los parámetros con los cuales se mide todo al interior de la vida en el país. En este sentido Heterocity cuestiona audazmente esas normas y nos interpela para dar respuesta a las grandes interrogantes que no se discuten abiertamente: ¿Quién o qué dictamina esas normas? ¿Quiénes son los encargados de hacerla cumplir? ¿Cómo se hacen cumplir? ¿Quiénes son sus afectados? Para colaborar en la búsqueda de respuestas a estas interrogantes, utilizaremos como guía la representación de los personajes principales de la novela: mujeres y hombres salvadoreños de diferentes orientaciones sexuales, edades y posiciones sociales que establecen un entramado de relaciones políticas, amorosas, sociales, sexuales y familiares que se entrelazan en los escenarios creados al interior de la ciudad de San Salvador. Adentremos pues a explorar este mundo ficticio de Heterocity, el cual roza inexorablemente con la realidad.

 

2. Heterocity: diversidad sexual y masculinidades en disputa

Para introducirnos en el tema de la construcción de las masculinidades es necesario bosquejar el estatus quo sexual en El Salvador. En forma general el heterosexismo es el fundamento de la diferencia sexual, que promueve esencialismos sexuales marcados. En relación a los hombres, según el psicólogo social Martín-Baró (1983 [2012]), son construidos en la esfera sexual bajo una fuerte tendencia y gran valorización de la actividad genital, y por otra parte las mujeres en un desconocimiento de lo sexual (Martín-Baró, 2012, p. 166-167). A lo que Connell interpreta como Machismo Latinoamericano, siendo el “ideal masculino que enfatiza el dominio sobre las mujeres, la competencia entre los hombres, el despliegue de agresividad sexual rapaz, y doble moral” (2003, p. 54). Esta idea de macho latinoamericano puede ser el patrón que configura la masculinidad hegemónica en la sociedad, comprendida como el referente de dominación cultural como un todo, que legitima el patriarcado, garantizando la posición dominante de los hombres y la subordinación de las mujeres (Connell, 2003, p. 116-118), a lo cual también se agrega la dominación de la heterosexualidad sobre cualquier otra forma de expresión y prácticas de los deseos y los placeres.

Así, una de las construcciones de la identidad sexual del hombre salvadoreño es su “sistemática actitud de indiferencia frente a todo aquello que no se relaciona claramente con su imagen de 'macho'” (Martín-Baró, 2012, p. 166), que traducido en el juego del espejo de lo opuesto, a todo aquello que concierne a la esfera de lo femenino o de las mujeres en general, no entra en el entramado ideológico de ser un hombre de verdad. Lara-Martínez hace una insinuación divergente, que supone la existencia de la “doble moral” que Connell menciona, al establecer que “antes que la mujer, el culero define la verdadera identidad masculina en la mente del cipote salvadoreño popular” (Lara-Martínez, 2012, p. 180). Esto se debe interpretar como el miedo a ser estigmatizados con una masculinidad subordinada (Connell, 2003, p. 118-119) como la homosexual o gay, la cual es considerada como la bodega de todo lo que es simbólicamente desechado y rechazado por la masculinidad hegemónica.

Existe dos tipos más de construcción social de masculinidades: Complicidad y Marginal. La primera está referida a las masculinidades que son construidas en formas que permiten obtener beneficios o dividendos del patriarcado, sin las tensiones o riesgos de ser atacado por los representantes de la masculinidad hegemónica (Connell, 2003, p. 119-120). Por último existen las masculinidades marginadas, cuando los marcadores sociales como clase social y raza/etnia interactúan con las relaciones internas del orden de género, colocando en inferioridad aquellos que son ubicados en esta construcción social como los hombres pobres o indígenas, por ejemplo (Connell, 2003, p. 121-122). En este caso, también debemos agregar otro marcador social como lo es el de generación, y se evidencia su accionar cuando se ejerce poder entre hombres con diferencia de edad. Connell también menciona la existencia de una masculinidad opositora (2003, p. 69) aunque no se describe, pero podemos suponer que es aquella masculinidad que plantea una alternativa o una afrenta contra la masculinidad hegemónica, por parte de las otras construcciones sociales de la masculinidad, incluyendo posiblemente a integrantes de la masculinidad hegemónica que puedan diferir en alguno de los aspectos de ésta. Por último, Connell expresa que las masculinidades pueden tener un carácter de múltiples (2003, p. 63), cuando un mismo hombre de acuerdo al contexto puede ejercer voluntaria u obligadamente varias expresiones de la masculinidad, por lo cual nunca son construcciones fijas, sino que mutables. La masculinidad subordinada y marginal homosexual son probablemente las presentaciones mejor descritas por medio de un abanico amplio de personajes gays en Heterocity. Por tal motivo vamos a iniciar por estos nuestro análisis.  

Uno de los personajes principales de la novela es Marvin Diez. Marvin es un posible modelo de hombre adulto-joven gay urbano de clase media salvadoreña. Con este personaje y su historia de vida, el autor nos describe el proceso violento de aprendizaje de la sexualidad, los tabúes y los miedos a expresar la homosexualidad cuando ésta se descubre como parte integrante de su ser, además del difícil proceso de aceptación y expresión de su sexualidad en la sociedad y todo lo que ello implica para sus diferentes roles de vida que trascienden su orientación sexual, pero la cual se vuelve el marcador social hegemónico que organiza o hace invisible a los demás. En este punto, utilizando las palabras del psicólogo Jaime Barrientos (2015), más que la homosexualidad, es la homofobia internalizada la que moldea la vida de las personas LGBT.

Marvin narra que el aprendizaje de la sexualidad como tabú se dio al interior de su hogar. Su primera experiencia sexual fue alrededor de los 8 años con su hermano mayor Rogerio, por medio de la representación de un “irregular ritual de apareamiento” (p. 37)[i] que evidencia una violencia sexual clara, hecho descubierto por su madre. Ante esta situación y dada la corta edad del personaje, el tabú de la sexualidad se construye a través de roles de género binario tradicional. Por una parte la madre utiliza palabras vagas para referirse al hecho ocurrido, como: “Te salen ronchas feas y Dios se pone triste” (p. 37); por otra parte con su padre aprende palabras nuevas como abominación y condena, además este elabora un breve patrón de la “heterosexualidad obligatoria para los hombres” (Connell, 2003, p. 151) que se consuma en la reproducción que es sólo aceptada entre “varoncitos y hembritas” (p. 37). 

A pesar de las prohibiciones y temores, los encuentros con su hermano mayor continuaron entre los 8 y los 13 años, a través de un juego inventado por aquel, el cual incluía la masturbación que finalizaba en la eyaculación, denominado por su hermano como “acto de sucesión al trono” (p. 41). En medio de estas actividades, Marvin descubre su autoplacer, el cual comienza a incluir en su imaginación erótica los rostros de compañeros del colegio católico donde estudiaba y en este proceso de autodescubrimiento tiene su primer encuentro sexual con Iván, su vecino. Iván, por medio de un juego, se sentó sobre su bajo vientre y los genitales de Marvin, y por medio de movimientos suaves pero rítmicos de Iván, logra que Marvin experimente una primera experiencia orgásmica “insólita” (p. 117). Esta situación, por miedo a la reprenda de sus padres, no fue hablada. Ya que el recuerdo de las sanciones y reprimendas obtenidas por lo ocurrido con su hermano años atrás, y en esta oportunidad con el agravante de haber experimentado un nuevo placer, generaría una posible cólera furibunda que no quería presenciar. Vemos así cómo el silencio y el tabú de la sexualidad se construye por medio del miedo al castigo y al dolor que personas próximas puedan ejercer sobre cada uno de los que experimentamos deseos sexuales proscritos por el sistema político heterosexual que controla los cuerpos y sus placeres.

El segundo lugar donde Marvin afirma el tabú de la sexualidad y la socialización del patrón heterosexual obligatorio es en su colegio, y por paradójico que sea es el mismo lugar donde a los trece años narra el cómo se siente atraído por otro adolescente de catorce años. Él mismo afirma: “Creo que en el colegio lo más importante es sentirse aceptado por los demás” (p. 171), lo cual tácitamente implica suprimir aquellas acciones que ese “colectivo invisible desaprueba” o en palabras de Connell, la Masculinidad Hegemónica. Para ser aceptado dentro de los parámetros de la masculinidad hegemónica y por miedo no expresado a la homofobia y la violencia, Marvin retoma el guion de la complicidad por medio de representar a un hombre heterosexual, para ser aceptado por los demás al interior del microcosmos social que constituye un establecimiento educativo para la psique de un niño-adolescente. Marvin asume el papel de líder y tener novia en el colegio para alejar las sospechas de su homosexualidad (p. 172-173). Pero esta actuación se distorsionó con la llegada de Saulo al colegio. Surge una lucha al interior de su identidad. Un “Marvin sensible” reclama su reconocimiento y aceptación; pero al mismo tiempo se encuentra un “Marvin insensible”, que teme “particularmente cualquier contacto físico o demostración de aprecio, por pequeño que fuera” (p. 173), si este lo colocaba en la línea de lo proscrito en la micro-sociedad escolar. En esta lucha interna gana el “Marvin insensible”, dado el miedo de poder perder su reputación social o como Connell designa “los dividendos” de la masculinidad hegemónica. Para salvaguardar sus credenciales masculina, remite al campo del silencio-olvido su primera pasión convicta por otra persona de su mismo sexo.

A los 19 años, Marvin se da permiso para explorar su sexualidad con otro hombre, lo cual ocurre en el mismo año que muere su padre. En la universidad identifica “a uno de esos tipos fácilmente catalogables como raros. Quiero decir, un tipo obvio, llamado César” (p. 221). Se hace amigo de él, pero no le agrada ser visto con él en público, debido a la homofobia construida en la familia y en el colegio que aún a esa edad estructuran sus decisiones. Con César realiza un primer acto sexual consensuado, no obstante la figura simbólica de su padre, ahora muerto, se transforma en el “espectro acusador del chasco y la desilusión” (p. 221) por no cumplir la norma heterosexual y la masculinidad hegemónica en la sociedad. Nuevamente surge el miedo que “señalaba otra vez desde adentro y había que hacerle caso: había que cambiar” (p. 233), por tal razón corta toda amistad con César e intenta volver a establecer una relación con una mujer, la cual resulta ser un fracaso. Como válvula de escape recurre a visitar por primera vez “cines donde se exhiben películas para adultos” (p. 233). Descubre que ese espacio es un lugar de encuentros, más que de observación. Un chico más o menos de su edad tiene contacto al interior del cine con él y posteriormente sale con él para un cafetín para conversar como dos amigos nada más. Aunque aclara, las interiorizaciones homofóbicas no estaban superadas, pero como el acompañante no tenía “ni una pizca de maricón que como letrero marcara las expresiones corporales o la voz del muchacho” (p. 234), Marvin se sentía seguro de las miradas de recriminación de las demás personas por violentar el contrato de la heterosexualidad obligatoria: “¡Qué obsesión en ese entonces por verme y moverme varonil!” (p. 25), se cuestionará años más tarde. La seguridad inicial se transformó en pavor, cuando luego de algunos encuentros su amigo-de-encuentros-sexuales le pidió que fueran “pareja” (p. 234), terminando su relación.

El peso de la homofobia interna construida por la masculinidad hegemónica imperante lleva a Marvin a cuestionarse: “¿Era yo mismo esa entidad de normas a seguir, inculcadas y machacadas desde temprano por todo el sistema que me rodeaba y me asfixiaba y del cual yo era parte?” (p. 257). Los desahogos sexuales en los baños del cine para adultos a sus veintidós años ya no eran suficientes, pero no se atrevía a ver otras posibilidades de relacionarse con otro hombre. Muy por el contrario, se consideraba estar en “un error ir en contra de lo cara de bueno, de lo aceptable, de los curas y las enseñanzas de los santos intachables” (p. 257). En medio de esos autorreproches Marvin inicia una relación-dependencia por seis años, a la cual denomina como “vínculo de pareja” (p. 267) con un artista plástico llamado Eliú.

No obstante, Marvin procura la compañía de otros hombres, aunque esta compañía representa tener que comprarla. Así Marvin aborda a un chico llamado Rubén en una de las calles de San Salvador que se convierten a las doce de la noche en un mercado de carne viva para todos los gustos, sabores, tamaños y colores (p. 449). Luego de pasar el rato con Rubén, del cual escasamente pudo obtener el placer deseado de tener una noche de compañía para abrazar y dar un beso en los labios a otro hombre (p. 455), tras recordar a Eliú a las 4:15 de la madrugada, decide el dejar de “ser maricón” (p. 458) porque únicamente le había dado “mierda” (p. 458) en su vida. Para cumplir este objetivo ingresa a la “Casa de Reconversión para las Ovejas Extraviadas del Buen Pastor, Filial de los Hermanos Ex-sodomita” (p. 18), lugar donde cuenta toda su historia personal y conoce a Jared Farías.

Jared Farías recurre a visitar la “Casa-purga” (p. 18) debido a que necesitaba un momento para reflexionar su sexualidad, no en el sentido de Marvin que deseaba dejar de ser homosexual, sino que necesitaba tomar un rumbo a su vida sexual, sin presuponer dejar de ser lo que era. Jared al igual que Marvin nos presenta a un joven gay urbano de clase media extrovertido. Marvin intenta en un primer momento hacer ver a Jared lo equivocado de su vida-homosexualidad y que debía esforzarse para lograr purificar sus males, para lo cual Jared responde desde su interior marcado por el miedo continuo a la discriminación por ser lo que era: “¿Esforzarme? Eso lo he hecho siempre, viejo. Esforzarme. ¿Tú no?: esforzarte por no parecer algo, esforzarte para parecer lo otro, esforzarte para que no sepan, esforzarte por ser otro… ¡Soy gay, Marvin! ¡No me hago el gay ni me hice gay!” (241). Esta exclamación da muestra de la opresión de las normas de la masculinidad hegemónica, las cuales la población LGBT debe sortear por medio de representaciones teatrales que niegan su orientación sexual y en el caso de personas trans su identidad de género.  Ahora ingresemos en los personajes que operan, gestionan y sancionan simbólicamente la vida de aquellos que optamos por ser disidentes a la masculinidad hegemónica.

Las dos figuras que representan la masculinidad hegemónica se encuentran en el matrimonio compuesto por Darío Augusto Casariego con Lucrecia María de la Inmaculada Concepción Fabregas de Casariego, ellos tienen un hijo adolescente llamado David. Este matrimonio ejemplarizante de clase media alta que vive en una ostentosa residencia, que asiste a misa todos los domingos representa el ideal aparente de éxito heterosexual por medio del desempeño de sus roles sexuales de acuerdo a un orden biológico de cada sexo (Connell, 2003, p. 40). Darío, prototipo de la masculinidad ejemplar (Connell, 2003, p. 52), es epidemiólogo que dicta clases en una universidad, mantiene relaciones de alianza con otros hombres en puestos-claves de la institucionalidad del Estado, los cuales se colocan a su disposición para defender el sistema patriarcal y perpetuar la masculinidad hegemónica cuando es necesario, por ejemplo, como en el caso de Adán.

Adán es un personaje que representa un joven gay de 18 años de clase trabajadora popular. Su autopercepción se ha construido con base en la normatividad de la homofobia, por tal motivo su autoconcepto se remite a una identificación como “Adán-pecado” (p. 235) o “Adán-Sodoma” (p. 258) con todas las implicaciones negativas que esos conceptos traen en sí en la cultura judeo-cristiana en la cual se adscribe El Salvador. Continuando, Adán un día en la noche a solicitud de su vecina Nora quedó encargado de cuidar a su hijo Mario de unos 5 años de edad; pero debido a la llegada de Wally Vargas, su amante, se descuida del niño que quedó dormido en la sala mientras estaba en el cuarto con Wally. El pequeño despierta, va para la cocina y sube sobre una repisa, perdiendo el equilibrio y al caer corta su cuello en los filos de una mesa. El pequeño muere (p. 129). Darío con sus contactos en medicina legal y la policía solicita alterar las pruebas para inculpar a Adán por homicidio y violación (p. 143), ello bajo el pretexto de “todo sea hecho por el bienestar de la familia” (p. 171), inculpando a Adán de pedófilo y homicida.

Continuando el análisis del modelo de Darío como un representante de la masculinidad hegemónica, las relaciones extramaritales son efectuadas en el sábado cada quince días con Magali Samper, adolescente de 17 años, la cual al pasar siete meses de esa relación furtiva solicita en un primer momento formalizar su relacionamiento clandestino, pero al tener una negativa como respuesta, amenaza con denunciarlo por violación a menor, grabando su conversación para tal fin (364). Darío, ante tal amenaza, solicita a dos de sus guaruras que “den un susto” a Magali para que modifique sus intenciones. Pero estos sujetos no comprenden el concepto de “dar un susto” e interpretan la orden de su jefe como el eliminar a Magali, acción que realizan muy al estilo de los escuadrones de la muerte de los años anteriores a la guerra, desfigurando su rostro y dejando el cuerpo abandonado en medio de una calle secundaria que da acceso a San Salvador (p. 371-372).

Por su parte, Lucrecia es una muestra del ideal de mujer heterosexual de clase media alta. Madre ejemplar de David, lo cual no impidió en obtener una carrera universitaria coronada con los más alto honores, fundadora de una Organización No Gubernamental (ONG) de corte Católico: Fundación pro-rescate de la Niñez Abandonada, y semanalmente se dedica a escribir una columna moralizante-discriminativa en uno de los periódicos de mayor difusión en el país. Por ser la representante de lo hegemónico afirma que: “La mujer está llamada a esforzarse el doble que los hombres: a ser una mujer exitosa para el mundo, pero jamás descuidar a sus hijos y a su esposo” (p. 21). Con estas palabras, en vez de exaltar el valor de la mujer, muestra el cruel sistema de opresión de género al cual están sometidas. Por una parte, tienen que demostrar que el tener éxito en su rol profesional no riñe con su rol reproductivo del ámbito privado: cuidar a su hijo y su esposo. Esta condición, que no entra en reflexiones o cuestionamientos en ella, la convierte en la más férrea defensora del modelo de familia tradicional compuesta por la tríada: padre-madre-hijos/as; negando cualquier otro tipo de forma para constituir una familia, sobre todo las familias homoparentales. Utilizando un discurso moralista, patológico y de exclusión social, niega de todas las formas cualquier posibilidad del Derecho Civil del matrimonio a personas LGBT que se basa en el vínculo del afecto y no en lo reproductivo; no obstante ella afirma: “Respeto de todo corazón a los homosexuales” (p. 71), más que no tengan los mismos Derechos que los heterosexuales podría completar su pensamiento.

Lucrecia es una defensora fanática del sistema patriarcal, pero desde el lado que le corresponde como mujer y a los temas que le conciernen de la esfera privada: reproducción, maternidad y familia. Los cuales defiende de las más diversas formas: a nivel público por medio de su columna semanal que publica para defender las buenas costumbres y la moral; a nivel privado se vale de su posición social para influenciar tras bambalinas las decisiones políticas respecto a temas que puedan vulnerar la familia tradicional; y si no consigue su cometido por formas sutiles, llega a utilizar el chantaje para cumplir su cometido por medio de la ayuda de su esposo Darío. Así por ejemplo tenemos el caso del Padre Rogerio Díez.

El Padre Rogerio Díez es el Cura de la parroquia a la cual asiste Lucrecia puntualmente cada domingo con su esposo. El Cura Díez, debemos recordarlo, es el hermano mayor de Marvin, ejerce una vida sexual oculta con jóvenes a los cuales paga por su favores sexuales. Lucrecia, por medio de la insinuación de Magda Olimpia Olivares de Vargas (p. 64), su amiga y socia de la Fundación, de la existencia de una vida licenciosa con hombres por parte del Padre Díez, sugiere colocar, bajo el pago de honorarios por parte de Darío, al servicio del Arzobispo a Néstor Guatemala, fotoperiodista, para investigar y recabar información sobre esa vida oculta (p. 111), siendo comprobada (p. 421). El Padre Díez es intimidado (p. 426) con esta información para que presente una posición contraria a la pretendida reforma constitucional para permitir el matrimonio y adopción por parte de parejas del mismo sexo promovida por el Diputado progresista Denis Farías.

Este tipo de acciones y el rol que desempeñan algunas mujeres son de vital importancia para mantener, reproducir y perpetuar la masculinidad hegemónica en la sociedad salvadoreña. En este caso, Lucrecia, como una mujer de clase alta heterosexual y católica, promueve acciones para perpetuar la masculinidad hegemónica como aparente verdad única que no se puede o debe cuestionar; ya que al realizarlo se causarían serios trastornos al frágil sistema socio-cultural salvadoreño.

Ahora bien, el personaje del Diputado Denis Farías es la representación de una masculinidad que transita entre la oposición en lo político, pero hegemónica en lo privado. Este es un Diputado joven que integra el partido político Movimiento Progresista (MP), el cual es afín a una ideología que se fundamente en las libertades individuales y la negación de la moralización religiosa de la sociedad sobre el individuo (p. 31). Bajo esta idea, el activista LGBT Méndel Chicas procura a Denis para que su partido defina una posición respecto al tema del matrimonio y la adopción entre personas del mismo sexo. Ante esta petición, la primera cuestión que emerge al interior de Denis desde su masculinidad hegemónica fue: “¿Es que acaso nota algo en mí que pudiera hacerle pensar que comparto gustos en materia sexual con usted?” (p. 33). Antes que diputado es Hombre, y la solicitud de apoyo a una causa política de las minorías sexuales no representadas coloca sobre sospecha su propia masculinidad heterosexual, por eso su cuestionamiento. Ante tal posición Méndel Chicas comenta que conoce a su hermano Jared Farías y la aceptación que tiene de su vida privada.  Acepta el caso, llevándolo a promover una reforma constitucional para reconocer el derecho de acceso al matrimonio y la adopción para personas del mismo sexo en la Constitución.

Para que tal reforma tenga éxito Denis procura dos tipos de apoyo: el político en la Asamblea Legislativa y el popular por medio de los medio de comunicación. A nivel de la Asamblea Legislativa logra llegar a un acuerdo con el partido de izquierda mayoritario, pese a la “ambigüedad” (p. 76) al tratar con estos temas, para promover esta reforma a cambio de apoyo a otras iniciativas políticas de ese partido. A nivel popular busca que el presentador de televisión Wally Vargas asuma su homosexualidad en público para presentar una normalización de las sexualidades diversas en la sociedad salvadoreña (p. 153), pero como era de esperarse la pérdida de dividendos por medio de la complicidad con la masculinidad hegemónica impide que Wally se sume al esfuerzo de Denis (p. 156). 

Para defender la reforma ante la Asamblea Legislativa, Denis tiene que recurrir a elementos de una teología heterodoxa para deconstruir conceptos y concepciones de la propia Biblia (p. 259, 268, 289, 287, 297), analizar la divergencia entre Iglesia y Estado para regular el matrimonio (p. 316), pasando por un paralelo entre la discriminación a personas LGBT y judíos en la época de la Alemania Nazi (p. 289), hasta lo que la ciencia habla sobre la homosexualidad (p. 326, 336, 342). La reforma es aceptada gracias al apoyo del partido mayoritario de izquierda, para ser discutida en la comisión respectiva de la Asamblea y así obtener un dictamen favorable para la siguiente semana ser aprobada en pleno.

La masculinidad hegemónica, ante la posibilidad de ser cuestionada por medio de la reforma constitucional, activa sus mecanismos para ejercer presión y evitar cualquier modificación de su estructura. Lo primero que acontece, siguiendo la gramática de la violencia instaurada en la historia contemporánea de El Salvador, fueron las amenazas por vía telefónica hacia Denis, su hermano y su novia Ielena Samper (p. 142). Estas amenazas se dirigen primero a la exposición de la vida privada de su hermano y luego compromete la integridad física de su hermano y la de Ielena. Estás amenazas se cumplen. La primera fue un titular sobre Jared: “EL HERMANO GAY DEL DIPUTADO” (p. 362) al día siguiente que la reforma fue admitida para análisis. Luego, la muerte de la hermana de Ielena, Magali Samper, es interpretada como un mensaje implícito para disuadir a Denis en continuar apoyando tal reforma. La última amenaza en cumplirse fue contra el propio Denis.

La masculinidad hegemónica promueve procesos sociales para que los hombres se involucren en riesgos, sobre todo, físicos para mostrar su virilidad. Denis asume el riesgo de ser un consuetudinario consumidor de drogas prohibidas para afirmar posiblemente esta masculinidad hegemónica, por lo cual fue interpelado tanto por Ielena y la cúpula del partido de izquierda que lo apoyó en la primera votación de la reforma, sobre estos actos. Ante esta situación “Denis pensó que ¡qué demonios!, era su vida y en ella nadie se metía” (p. 404). Un día antes de la votación en pleno de la reforma, Denis es invitado al programa de Wally Vargas, donde se presenta ante el público un video que capturaba el momento en que Denis compra la droga a un vendedor de drogas de una comunidad marginal de San Salvador (p. 431). Este hecho, en el contexto de la doble moral salvadoreña, da como resultado su muerte social y política, y la reforma constitucional muere políticamente con él. 

Ahora, el personaje de Wally Vargas es uno de los más interesantes y complejos en las representaciones de la masculinidad y los tránsitos que realiza entre lo hegemónico, lo subordinado, lo cómplice y lo marginal. Wally Vargas es el presentador del programa televisivo Frente a cámaras, con Wally Vargas en el horario estelar de la televisión salvadoreña, y es etiquetado por su audiencia como el “presentador más sexi de la pantalla chica” (p. 153) y por las personas LGBT como “el Judas de la televisión” (p. 177).  En el ámbito sexual se puede clasificar como uno de esos “machos ilegales fronterizos” (p. 55) que transitan entre las diferentes etapas-formas de ejercer la masculinidad. Por una parte es hegemónico ya que su imagen pública hace referencia a ser un macho: hombre heterosexual casado con una mujer (p. 156). No obstante, es también un ilegal-subordinado en la “Heterocultura patriarcal” (p. 145) al obtener placeres furtivos comprados con hombres, en los cuales permite colocar en entredicho su masculinidad al experimentar el placer anal por la estimulación donde “nunca un hombre-hecho-y-derecho permite el acceso a otro hombre” (p. 192). Respecto a ser fronterizo, se puede caracterizar como esa tensión de transitar entre lo marginal y la complicidad. Por ejemplo, se vuelve cómplice de la masculinidad hegemónica al no desmentir la acusación que Lucrecia Casariego hace sobre el caso de un niño llamado Mario, en donde asume que este fue violado y asesinado por un joven gay pedófilo (p. 215-217), a lo cual Wally no replica a sabiendas de que él estaba con Adán, el acusado de ser el pedófilo asesino, en el momento en que Mario muere. También Wally Vargas es un homosexual marginado y enclaustrado, como otras personas homosexuales, lesbianas y transexuales. El desenlace final de Wally Vargas y sus múltiples masculinidades (Connell, 2003, p. 63) se caracteriza por medio de la punición y el castigo que la masculinidad hegemónica ejerce contra aquellos que no se ajustan a sus normas, ya que fue el único personaje que finaliza su historia siendo detenido por la policía y acusado de violar y asesinar a Mario (p. 448).

Existe un conjunto de personajes: Héctor (p. 149), Rubén (p. 449) Tito Castro (p. 189), e inclusive Adán (p. 120) que comparten el ser adolescentes o jóvenes, que en el caso de los tres primeros son parte de la explotación sexual comercial y la prostitución masculina de calle. Esta es una faceta de la masculinidad subordinada y marginal: jóvenes LGBT. En los cuatro casos que se presentan son utilizados por otros hombres mayores para satisfacer sus deseos homoeróticos, para el caso de los tres primeros cobrando por sus servicios y en el caso de Adán sus sentimientos y cuerpo está al servicio de placeres compartidos con otro hombre, que, al ser casado, es quien dispone del tiempo ocasional para sus encuentros (p. 120). En el contexto adultocéntrico que marcan las relaciones de poder entre las generaciones en la sociedad, se puede apreciar el uso de la sexualidad como ejercicio de poder entre generaciones y el género: hombres adultos ejerciendo poder para acceder a placeres sexuales con los adolescentes y jóvenes. Al experimentar de primera mano la influencia del poder, los adolescentes y jóvenes interiorizan esta situación, que en el caso de Héctor, Rubén y Tito Castro falsamente consideran que al ser sujetos de deseos por otros hombres y obtener dinero por sus servicios sexuales, están alejados de ser varones homosexuales subordinados o marginales.

No existe un reconocimiento de la posición marginal donde se ubica a los adolescentes y jóvenes LGBT que están en el círculo vicioso de la explotación sexual comercial y trabajo sexual de calle masculino, temas que poco a nada se discute en la sociedad salvadoreña. Adán, un joven homosexual común que lleva incrustado todo el peso de la homofobia en su ser y enamorado de un hombre casado, con el cual se encuentra para tener placer sexual esporádico, al no ser defendido por su amante eventual de los ataques públicos y de la acción judicial sobre el supuesto asesinato y violación de Mario al momento de estar con él, decide terminar con su vida (p. 217). Siendo así una muestra del proceso que origina y consuma el suicidio en jóvenes LGBT, que al ver todas sus opciones de vida impregnadas por la discriminación, la homofobia y hasta odio en última instancia al interior de sus familias, centros escolares, la comunidad, los medios de comunicación y la sociedad en general, recurren al suicidio como una forma de colocar fin a sus sufrimientos silenciados. Situación que la sociedad en general debe comenzar a percibir como realidad y no como metáfora de una novela.

Méndel Chicas es el nombre designado para representar a un activista que promueve y defiende los Derechos Humanos de las personas LGBT. Méndel asume el papel de una masculinidad opositora abiertamente desde lo marginal de ser homosexual, inclusive se puede decir que toda su vida se estructura en la oposición, y por eso sus acciones incomodan al sistema hegemónico heteropatriarcal. Él es el responsable por incentivar al Diputado Farías en su batalla quijotesca por lograr que la Constitución reconozca el matrimonio y la adopción por personas del mismo sexo. Su convicción por la defensa de los Derechos Humanos de las personas LGBT lo lleva a entablar una discusión en televisión abierta con Lucrecia Casariego en el programa de Wally Vargas, en donde todos los comentarios homofóbicos de Lucrecia tuvieron respuestas directas y en algunos casos por medio de la ironía socrática, expresando una verdad con humor, descontroló a Lucrecia Casariego de su pulcra postura plástica. El desenlace de Méndel fue su asesinato (p. 462). Al igual que muchos activistas LGBT en El Salvador, Méndel vivía amenazado y al ser una referencia sobre temas LGBT, para los que obtienen beneficios de la masculinidad hegemónica era necesario hacer cumplir sus amenazas para silenciar su voz. Presentando a esa poca estudiada ideología del exterminio disidente, que ha promovido la muerte de 30,000 indígenas y campesinos en 1932 o las 75,000 personas en el periodo de la guerra interna en la década de 1980; en lo contemporáneo ha encontrado en las personas LGBT el nicho para saciar sus ansias de muerte. 

Al mencionar que existieron 27 casos de homicidios de personas LGBT registrados en 2009 (Asociación “Entre Amigos” 2010), año de intento de la reforma constitucional para prohibir el matrimonio y la adopción de niños por parejas del mismo sexo, comparándolos con los 4,365 homicidios reportados para el mismo año (Murcia, 2010), existe una invisibilidad de tales actos. En El Salvador se convive con la epidemia de la violencia (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo 2009), en este contexto, la impunidad se ha transformado en la norma (Davenport 2012), donde el continuo bombardeo de imágenes y acontecimientos de violencia homicida en los medio de comunicación, “la capacidad de respuesta ética” (Butler, 2010) ha disminuido en la población salvadoreña en todos los sentidos y cuando se presentan estas acciones de violencia, tortura y muerte en la población LGBT salvadoreña, se vuelven invisibles al no ser “[…] objeto de duelo, pues en la retorcida lógica que racionaliza su muerte la pérdida de tales poblaciones se considera necesaria para proteger la vida de 'los vivos'” (Butler, 2010). Por lo cual, “los miembros de la comunidad LGBT creen que son un blanco particularmente fácil para la violencia porque los perpetradores conocen que es menos probable que la policía investigue los crímenes contra las personas LGBT” (Davenport, 2012). Además de lo anterior, las mujeres trans especifican que “[…] la generalizada situación de exclusión y marginación, expresada en la falta de reconocimiento a su identidad y un tratamiento desigual respecto de sus derechos” (Asociación Comcavis Trans, 2013), las expone a actos de violencia homicida con altos conatos de barbarie.

Los medios de comunicación masivos y su importancia en la construcción ideológica de la población salvadoreña sobre los temas relacionados a lo LGBT les adjudica un rol de actores claves en la sociedad. Para iniciar, los medios de comunicación masivos sólo existen para la población LGBT cuando estos sirven para mantener o crear estereotipos negativos sobre lo LGBT. Se puede asumir dos tipos de líneas editoriales de lo LGBT en la prensa escrita: el entretenimiento y la violencia. Edgar Lara, investigador en temas LGBT, nos habla que personas abiertamente gay o que se declaran gay, bisexuales o lesbianas en el campo de la farándula internacional tienen cobertura en los medios de prensa escrita de mayor circulación, por tal sentido lo LGBT cuenta como noticia si y sólo si son parte del entretenimiento público (Lara, 2013). La segunda perspectiva de la población LGBT suministrada por los medios de comunicación escrita es sensacionalista, cuando ésta se ve involucrada en un crimen, “ya sea culpando a las víctimas por incitar los crímenes de odio en su contra u omitiendo completamente reconocer que los crímenes fueron motivados por la orientación sexual o expresión de género de la víctima” (Davenport, 2012). Los medios de comunicación se convierten en un dispositivo de control por medio de la configuración de una agenda informativa marcada por prejuicios sexuales, la jerarquización de los humanos, el papel de los binomios: mujer-hombre, heterosexual-homosexual y joven-adulto en la sociedad se fundamentan según los esencialismos sexuales y a la vez se reafirma esa división (Lara, 2013, p. 109).

Este guion prescriptivo malévolo de los medios de comunicación, encuentra varios ejemplos al interior de Heterocity. La primer muestra es el título que se refiere a la supuesta acusación hacia Adán como causante de la muerte de Mario: “HOMOSEXUAL DROGADICTO ACUSADO DE DAR MUERTE A UN MENOR A SU CARGO LUEGO DE VIOLARLO SALVAJEMENTE” (p. 136). De la misma forma cuando sucede una muerte de una persona LGBT se remite a una connotación pasional lo que da origen a ese asesinato, como lo muestran los editoriales sobre el asesinato de Méndel Chicas que expresan: “ACTIVISTA HOMOSEXUAL ASESINADO POR AMANTE VICIOSO” y “ACTIVISTA GAY VÍCTIMA DE CRIMEN PASIONAL” (p. 462). También no debemos de olvidar que pueden ser utilizados como medio de ataques sociales y sobre todo políticos, como el caso del editorial que daba visibilidad a la orientación sexual de Jared Farías hermano del Diputado Farías (p. 362) en el momento más álgido de la propuesta de reforma constitucional. Se debe de aclarar que los medios de comunicación responde a las políticas editoriales que sus dueños establecen, por tal motivo cuando Denis Farías hace una declaración sobre el asesinato de Méndel Chicas y ésta es transmitida por los medios de comunicación, “Cuatro directores de piso (y otros tantos editores de noticias) de cuatro canales de televisión local recibieron una llamada de despido esa misma noche” (p. 465). Por tal estructura la población LGBT afirma que los medios de comunicación “no existen para nosotros” (p. 446) y su silencio se vuelve cómplice (p. 464) de la impunidad y el conservadurismo que niega los derechos fundamentales a las personas LGBT.

La vida de la comunidad LGBT salvadoreña es representada por las vivencias de varios personaje enclaustrados en la discoteca Kali-Yuga. El término hindú utilizado por el autor, el cual nos quiere dar entender que es un periodo de degradación creciente de la condición humana y una prueba a ser superada, para obtener la redención. En la discoteca quedan retenidos un grupo de 32 personas entre hombres gays, lesbianas, transexuales y un par de bisexuales que estaban en la discoteca, en la cual “Por disposición de las autoridades municipales en coordinación con el Ministerio de Defensa y el Ministerio de Salud, queda terminantemente prohibido el egreso de personas reunidas en este recinto hasta nueva notificación” (p. 66). Para el caso, la municipalidad es representada por el Cuerpo de Agentes Metropolitanos (CAM), el Ministerio de Defensa representado por el Ejército y el Ministerio de Salud por operarios del servicio de salud, retienen a todos los clientes de la discoteca so pretexto de una “enfermedad de características epidémicas” (p. 138) y “altamente contagiosa” (p. 214). Es interesante la configuración de instituciones que el autor nos presenta como reguladoras de las normas sociales y naturales. Por una parte está el Ministerio de Defensa que se puede remitir a la representación por excelencia de la masculinidad hegemónica y como tal, utiliza la fuerza a su disposición para mantener sus normas. Al mismo tiempo la utilización del ejército puede ser interpretado como sí las personas LGBT estuvieran desarrollando un movimiento social para desestabilizar el país, tal como ocurrió con el frente armado de la década de 1980. Por su parte el CAM que por mandato se encarga de cumplir las ordenanzas municipales, muchas veces entra en confrontación con personas LGBT por ser estos acusados de desórdenes públicos, exhibicionismo o por prostitución de calle. Por último, pero no menos importante, el Ministerio de Salud con su implicación en la lucha contra el VIH es la instancia que tiene mayor contacto con la población LGBT y de igual forma el lugar donde las discriminaciones también son comunes.

La comunidad LGBT, si se puede llamar así a ese grupo de personas dispares que están reunidas por una situación de casualidad más de que causalidad, viven y sobreviven su “encerrada libertad” (p. 484) entre tensiones, amores, discusiones, paranoias y muerte. La tensión entre mujeres trans y hombres gays es un hecho recurrente (p. 35), mostrando sutilmente como opera la misma masculinidad hegemónica al interior de las personas LGBT, para las cuales el desprecio por todo aquello que se relaciona con lo femenino se vuelve una norma tácita; por ello se les niega a las mujeres trans el uso del baño femenino, negando con este hecho su identidad (p. 256). Otro punto muy marcado es la discriminación por clase social entre la misma población LGBT, en donde la aparente imagen de lujo por la ropa, zapatos y accesorios (p. 57) que utiliza una persona determina la aceptación o no a un grupo determinado de pares sociales. El consumo de alcohol y otro tipos de drogas es común (p. 249, 365). La intromisión en la vida privada de otras personas (p. 370) es una forma de vida que algunas personas LGBT utilizan como insignia de personal. Esta reproducción del sistema hegemónico al interior de la comunidad LGBT, es representado extraordinariamente por las siguientes palabras: “¿Quién dice que el mundo gay es redondo? En mucho más de lo que nos gustaría admitir, sigue siendo un cuadrado perfecto” (p. 407).

El hecho que los medios de comunicación están descompuestos (p. 119) y esto impide tener contacto con el exterior de la discoteca, en forma representativa da entender que los canales de comunicación entre la Comunidad LGBT y la sociedad en general no funcionan, imposibilitando el dialogo. El ejercicio de la sexualidad adquiere diferentes formas de manifestación que van de la conformación de parejas sexuales estables como Marvin y Jared a la elaboración de intrincadas trampas sexuales (p. 439) para destruir algún relacionamiento, las relaciones sexuales casuales (p. 265, 282), pasando por el hecho que Wally Vargas experimenta placer sexual con una mujer trans que asume un rol penetrativo en los baños de tal discoteca (p. 265), o hasta un tipo de acoso sexual sutil (p. 387). Las tensiones de convivencia (p. 418) son frecuentes, e incluso muchas de ellas desencadenan riñas (p. 238), sobre todo en aquellas que necesitan mayor reconocimiento de su identidad como lo son las mujeres trans. A pesar de todas las dificultades, una creatividad sexualizada permite rutas de fuga ficticias para las personas LGBT, por eso aparece la Danza de los Kuramas (p. 366), en donde cada noche uno de los hombres encerrados baila a media noche en frente de todos y se irá despojándose de la ropa para entretener al público-cautivo presente hasta quedar completamente desnudo.

 Se debe notar que el mayor contacto institucional que las personas LGBT desenvuelven en su encerrada libertad es con el personal del Ministerio de Salud (p. 212), lo que puede representar que el estigma del VIH persiste en esta población. Entre todos los hechos de violación de los Derechos Humanos que la población LGBT recibe, el mayor de ellos fue el intento de masacre por medio de un incendio (p. 468), un acto que por más que cueste creer, son hechos que traspasan la ficción y adquieren textualidad en la realidad salvadoreña muchas más veces de las que imaginamos; pero que dado el sistema de impunidad vigente, tales crímenes y genocidios homofóbicos no tienen una respuesta por parte de la institucionalidad. Creando un imaginario social al interior de lo LGBT como un “gueto para ser eliminado” (p. 320). Como formas paliativas para tratar de evitar que estas situaciones se lleven a cabo, las personas LGBT se organizan en comitivas representativas de todos sus sectores (p. 126), para entablar un diálogo diplomático (p. 323) con esa supraestructura que intenta negar su existencia y como se muestra en toda la novela: nunca son escuchados realmente.

Para finalizar, al igual que la mitología cristiana y otras, la muerte de una persona redime a un colectivo-humanidad. Luego de la muerte de Méndel Chicas y no la de Tito Castro (p. 480) por razones desconocidas la interior de Kali-Yuga, genera la indignación social que se transformó rápidamente en reclamo de justicia por muchos sectores de la sociedad ante ese crimen. Los colectivos LGBT y otros afines se organizan para expresar su inconformidad.  En esta movilización de inconformidad se estructura como un medio para “rescatar” (p. 464) a las otras personas encerradas en la discoteca Kali-Yuga-comunidad-gueto LGBT de El Salvador.

 

Reflexiones finales

La masculinidad hegemónica es el ideal y meta a ser alcanzado en la sociedad salvadoreña, por eso el nombre de la novela Heterocity, al ser un nombre alegórico a la ciudad de San Salvador, la cual como manifiesta el historiador Carlos López Bernal (2011) puede representar simbólicamente a todo El Salvador. En concordancia con el nombre de la novela, la cubierta principal expone a un San Sebastián, pero el cual se aleja de su matiz sensual, que como ícono gay por excelencia adquiere en cada representación, y nos muestra como la masculinidad hegemónica por medio de sus representantes, dan tratamiento a aquellos y aquellas que se le oponen: flechas que causan dolor y muerte, tanto física, social y simbólica, siendo el guion principal que marca toda la narración.

 Cualquiera que este fuera de los parámetros de la masculinidad hegemónica tiene que ser introducido nuevamente en el sistema, pero sí éste se resiste tiene que ser eliminado, ya sea física o simbólicamente. La violencia homicida que aparece en Heterocity es un fiel reflejo de la actualidad en El Salvador. No es coincidencia que cuatro de los cinco muertos en la novela, corresponda a un niño y tres jóvenes. La niñez y la juventud son vulnerables al ejercicio de la fuerza de la masculinidad hegemónica en sus cuerpos, sus mentes y su autoestima. En el caso de Magali la forma de ser asesinada representa como lo hegemónico patriarcal manda su mensaje de perpetuidad de las normas y que nadie puede tan siquiera cuestionarla, muchos menos una mujer. Con el suicidio de Adán se presenta el lado opuesto de la violencia de la masculinidad hegemónica, en este caso aparece la homofobia como impulsadora de la muerte de Adán por medio de haber destruido todos los factores de protección que este podía contar para evitar tomar la decisión de suicidarse. En el caso de Tito Castro, aunque la comunidad LGBT muchas veces lo pasa por alto, reproduce las mismas normas conservadoras de la sociedad donde interactúa, por ello su muerte remite a una reproducción del sistema de opresión. En el caso de Mario, su muerte accidental no se puede atribuir al accionar del sistema hegemónico, pero si el tratamiento que esta tuvo a nivel mediático e instrumental por parte de hombres para defender el sistema hegemónico del cual usufructúan sus beneficios. La muerte de Méndel, el activista LGBT nos da cuenta de cómo lo hegemónico actúa para silenciar a los disidentes del patrón binario de reproducción heterosexual y sus normas.

Según la heteronormatividad, el resultado último que se debe de alcanzar es la reproducción que se consuma al interior de un núcleo familiar integrado por un hombre y una mujer. El proceso narrado de reforma constitucional frustrado para permitir el ejercicio del acto jurídico del matrimonio para constituir una familia y la adopción a personas del mismo sexo, nos da cuenta de lo férreo y conservador de la sociedad que en lugar de proteger a la familia y los valores, lo que ha promovido es “desintegrar a buena parte de la gran familia nacional” (p. 465). En la sociedad salvadoreña, las temáticas del matrimonio y adopción de niños por parejas del mismo sexo no ha tenido una investigación profunda y no se ha retomado las voces de las personas que afectaría una decisión constitucional que prohibiera cualquier posibilidad de reconocimiento de estos derechos, la discriminación se presenta sutilmente al unir el clasismo con la homofobia. Restringir constitucionalmente el acceso al matrimonio entre personas del mismo sexo no afecta directamente a hombres gay de clase media o alta, con estudios superiores y profesionales, dado que sus derechos básicos no son violentados. Pero al referirnos a personas trans pobres que ejercen la prostitución de calle como medio de subsistencia expuestas a todo tipo de violencia, esta propuesta política reafirma ese sistema de opresión hegemónico que se transforma en la práctica en violencia.

Traspasando la ficción, la homofobia implícita en la reforma constitucional de prohibir los matrimonios entre personas del mismo sexo, no radicaba exclusivamente en la prohibición de establecer una familia homoparental, sino que dichas reformas constitucionales pueden atentar contra otros derechos fundamentales como Educación, Salud, Seguridad, Vivienda, Trabajo entre otros de las personas LGBT, e incluso podría plantearse desde las lógicas conservadoras fundamentalista evangélicas la penalización de las prácticas homo/lésbica/trans en la sociedad salvadoreña en un futuro. Para ejemplo la prohibición absoluta del aborto en 1997, que echó abajo la tradición jurídica salvadoreña de 150 años de establecer causales excepcionales que permitieran el aborto: violencia sexual, malformación y riesgo de salud para la vida de la mujer. En el año 2016 se presenta una propuesta de aumentar hasta 50 años la pena de prisión para aquellas mujeres pobres, que hacen uso del sistema de salud público y no pueden pagar defensores particulares, y se les acusa del delito de homicidio agravado al tener una complicación obstétrica. Así es como el sistema hegemónico opera.

Se debe de aclarar, por si existen dudas, que personas homosexuales no puedan realizar el acto jurídico del matrimonio o a la adopción al interior del país, no impedirá que sigan existiendo y naciendo personas lesbianas, gay, bisexuales y trans de matrimonios heterosexuales. Hasta en las familias más conservadoras, como la de Darío y Lucrecia Casariego, pueden tener hijos con una orientación sexual diferente a la norma, como Orellana Suárez sutilmente sugiere en el personaje de David (p. 75, 438). El Karma es siempre justo.

Por último, el valor de la novela Heterocity es el de convertirse en una obra que retrata un tiempo histórico de El Salvador, que al mismo tiempo se convierte en un documento de resistencia política y social a la masculinidad hegemónica por parte de personas que ejercen una sexualidad disidente que conduce a placeres proscritos por el sistema dominante, que se intentan silenciar por medio del ejercicio de la homofobia institucionalizada o por la violencia homicida que se promueve desde discursos y prácticas discriminatorias por representantes de la masculinidad hegemónica. No obstante, al final de todo, queda esta única certeza: “¡No se mata al mar con balas!” (p. 486), y nosotros somos el mar.

 

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Notas

[i] Por economía de espacio cuando se presenta una citación del libro Heterocity esta se realiza únicamente indicando la página de donde se extrae la información.

Este artículo es una versión actualizada de Heterocity: Masculinidades en disputa en El Salvador publicado en Polifonía, vol. 5, n. 1, p. 101-125, 2015.

Amaral Palevi Gómez Arévalo

Doctor y máster internacional en Estudios de Paz, Conflictos y Desarrollo por la Universitat Jaume I, especialista en Género y Sexualidad por la Universidade do Estado de Rio de Janeiro y licenciado en Ciencias de la Educación por la Universidad de El Salvador. Posee experiencia en la gestión de proyectos para el desarrollo comunitario con jóvenes, hombres, atención a población LGBT, abordaje a población móvil y seguimiento a población participante en programas de transferencias monetarias condicionadas. Ha trabajado como asesor para la mejora de la calidad educativa en centros escolares rurales, técnico en educación inicial comunitaria, habilitación laboral con jóvenes, capacitador de docentes, alfabetizador de adultos, promotor de la cultura de paz por medios audiovisuales, docente universitario y orientador académico. Actualmente es analista del proyecto O Istmo del Instituto de Estudos da América Latina de la Universidade Federal de Pernambuco e investigador del Grupo de Trabajo Clacso “El Istmo Centroaméricano: repensando los centros”.