La noche

«No le convencía la idea de tragar su propio semen, quería otro, el de cualquiera, conocido o desconocido».

Foto de Luigi Esposito Jerez (ver galería completa en Álastor).

Quiero tragar semen —pensaba mientras daba vueltas en la cama. Aquella noche él solo quería sentir el sabor del esperma disolviéndose en la boca. Estaba harto de todo y la noche caía imperiosa, negra. Caía como esas noches que se escurren en el cielo urbano de Managua. Noches tristes y pesadas como las pupilas de Dios.

Revisó su smartphone y ya no tenía amantes en el Whatsapp. Estaba harto del chat caliente y de que todos pidieran “fotos hot” como si el culo y la verga fueran las caras de su perfil. Revisó su smartphone y abrió el Grindr, la aplicación primermundista que solo deja conectarse a locas con teléfonos inteligentes. También estaba harto del Grindr, de que todos preguntaran: ¿se te nota? ¿Tenés carro o moto? ¿Sos pasiva? ¡Si tenés para las bichas y el motel, vamos sobre! Entonces decidió apagar su teléfono.

Quiero tragar semen —volvió a decirse; se levantó de la cama y fue a la televisión. Pasó el canal, pasó el canal, pasó el canal, estaba harto de ver en todos los canales la cara de Vilma Núñez recibiendo denuncias, denuncias, denuncias. Estaba harto de ver cómo se le llenaban las arrugas con las voces de otros. ELLA, la mediadora; Miss CENIDH; ELLA hablando de dictaduras cuando lleva años sentada en la misma silla. Aquella noche estaba harto y la televisión no era una salida.

Fue a su computadora, la abrió, ¡el Facebook lo salvaría!, se equivocaba. Parecía que todxs pensaban igual aquella noche, parecía que todxs se hubieran puesto de acuerdo para responder a la maldita pregunta de Facebook. Todxs hablaban de los árboles de la vida; que si son amarillos, que si son multicolor, que si gastan millones de córdobas en energía, que si con uno de esos le compramos 10 mil casas a los pobres de la tierra, que si mandamos a 10 mil niñxs a la escuela, que si con ese dinero rescatamos Bosawás, que si con ese dinero le pagamos a una médium para que le pregunte a Sandino qué está pensando, que si con ese dinero le pagamos un crucero a la pareja presidencial y le ponemos una bomba al barco, que si con ese dinero Arnoldo y la María Fernanda se terminan de hacer sus reducciones de estómago, que si esto, que si lo otro, que si adelante, que si atrás. Aquella noche estaba harto y pensó que todxs deberían encadenarse a la fuente de la rotonda Rubén Darío, que gastaba miles de litros de agua desde que se inauguró. Aquella noche estaba tan harto que pensó que todxs deberían subir en una caravana masiva hasta la laguna de Tiscapa y llorar porque la casa del presidente José María Moncada se fue a la laguna en el terremoto del 72. Pensó que todxs deberían ir a la rotonda de Chávez, quitarse la ropa, fumar marihuana, poner a los Beatles o a cualquier músico que provocara la histeria colectiva. Pero eso no solucionaba su imperioso deseo.

Quiero tragar semen. Pensó en hacerse un selfsucking, pero su espalda no era tan dócil como en las películas amateur del xtube. Además no le convencía la idea de tragar su propio semen, quería otro, el de cualquiera, conocido o desconocido, salado, ácido, dulce. El semen lo hacía olvidar todo. Entonces decidió vestirse e ir al cine porno, pero recordó que estaba harto de la misma película, estaba harto de las tetas brillantes de Lucy, de los 12 negros que le hacían gang bang, de la leche blanca de los 12 negros sobre los pezones decolorados de las brillantes tetas de Lucy. Y del pinesol en el baño, y del chocorrón casado, y de la loquita mamona, y de la loquita jubilada, y de pagar 50 pesos, y del tufo a sajino… y de la oscuridad. Entonces abrió la puerta de su casa y salió a la calle.

Quiero tragar semen. Se sentía como una loca robocop, como una antimotín sexual, solo que aquella noche no quería reprimir a nadie. Salió de su barrio y el arco en la entrada le recordaba su herencia revolucionaria: Barrio Comandante Carlos Núñez Téllez. Así quedó Carlos, estampado en la entrada principal de cualquier barrio de Managua, allí llenándose de sarro, mientras abajo aúllan de hambre los perros. El cauce arrastra toda la mierda de la ciudad y el nombre de Carlos allá arriba, como una reina de carnaval saludando a la calle. Siguió caminando y observó una pinta en la pared: NO AL CANAL. Él quería un canal grande, lleno de semen donde cupieran todos los hombres del mundo: negros, blancos, altos, bajitos, gordos, flacos, musculosos, todos los hombres del mundo como los pobres del comunismo, los quería a todos. Siguió caminando y había llegado ya a la Residencial Las Mercedes, las casas ya eran distintas a las de su barrio. Eran las antiguas casas somocistas.

Llegó a la esquina y en la calle no había nada, no había nadie. Ni un transeúnte borracho que por unos pocos pesos se la deja mamar, ni un pandillero, ni un cpf, ni un machito casado que se desliza en la oscuridad de la noche tapándose la cara con una gorra. Ya era tarde para entrar en el baño de cualquier centro comercial y atacar la primera polla sacudida, ya era tarde. Así que decidió volver a casa. De pronto se sentía vacío, como una loca tercermundista varada en medio de los barcos fantasmas de la bahía de Chittagong. Se sentía vacía, latinoamericana, híbrida, comunista, liberal, nacionalista, perra, cochona, sucia, yegua, montonera, momia, fascista, clandestina, burguesa, católica, evangélica, atea, teóloga de la liberación, mediocre, aristócrata, azul y blanco, roja, drag queen republicana, terremoteada, guerrillera, contra, basurizada, somocista, pinochetista, peronista, neoliberal, blanca, criolla, negra, Pocahontas de Disney, indigenista, indígena, indigente. Adentro en su cama se sentía joven, mierda, nada, vacía… afuera caía espesa y negra la noche.

David J. Rocha Cortez

Titiritero, actor, narrador oral escénico, crítico teatral e investigador cultural nacido en Managua en 1990. Cuenta con una Maestría en Estudios Culturales por el IHNCA/UCA (2016) y una Licenciatura en Arte Teatral con especialidad en Teatrología por el Instituto Superior de Arte de La Habana, Cuba (2013). Desde hace 10 años forma parte del Teatro de Títeres Guachipilín; también pertenece al grupo Extra Teatro Proyecto Interdisciplinario. Sus trabajos de crítica e investigación teatral han sido publicados en Cuba y Nicaragua, en revistas culturales como La Jiribilla y Carátula, revista cultural centroamericana. Ha incursionado en la dramaturgia y en la narrativa, y algunos de sus cuentos pueden hallarse en publicaciones mexicanas y nicaragüenses. Es administrador del blog Crónicas de la Ciudad.