Pisé una mariposa en pleno vuelo
En el marco de esta antología, la propuesta de Ariel Fonseca Rivero destaca por una poesía de corte narrativo y confesional que se adentra en los callejones de la noche, el insomnio y el peso del abismo. Sus textos utilizan potentes metáforas cotidianas —como una mariposa aplastada en pleno vuelo o el caparazón destrozado de una tortuga— para confrontar al lector con la fragilidad de la existencia y la dificultad de aceptar la pérdida.
Fotografía de Berman Bans
Solo en casa
miraba fotos de épocas pasadas y recordé lo que me empujó a la noche a los sucios callejones al vacío Juro que bastaba la serenidad de la madrugada no allanar el cerco. Mantenerme alejado del peligro tras los yerbazales siempre fue mi idea ¿Por qué no accedí a eternizar el dolor ajeno la podredumbre dentro de aquellos cuerpos que envidié en silencio? Solo detuve la vista sobre mi cabeza cautivado por las polillas que revoloteaban alrededor de un bombillo que parpadeaba con insistencia
Lamento no conservar la entereza haber esperado al rocío
Antes me rasuraba hasta la cabeza pesaba cuarenta libras menos y quería el mundo a mis pies
Ya no me fotografío.
Insomnio
Voy al balcón hojas secas calle desierta Tengo la sensación de estar viviendo un déjà vu
Una muchacha camina descalza algo en su cara recuerda la muerte ¿Quién eres a dónde vas alguien te espera? Sostengo el vacío
Hay cosas que siempre serán ajenas La sombra de una mariposa reafirma mi existencia
Es difícil creer en el mañana cuando por dentro te desgarras pienso
Camino a la cocina con el cuchillo podría seguir el sonido de mis vísceras desde afuera bien adentro
Silencio quietud Punzada en el estómago.
El día que te conocí
descubrí la tortuga Las gomas de un auto habían machacado el caparazón su existencia se redujo a un montón de pedazos que imaginé un rompecabezas
Hoy camino a casa pensaba en la huella cada vez más tenue
Jamás imaginé que el tiempo fuera capaz de borrar algo tan fuerte como una tortuga sobre el asfalto.
Ninguno comprende por qué son tus manos
y no las mías. Aterra la quietud con que giro el picaporte de la puerta Tengo la certeza de que en la mañana habré despedido al vacío si antes no me devora el abismo Ninguno comprende por qué son tus manos las que avientan la porcelana Esto que nos separa son mosaicos repito ¿Por qué sigo confundiéndolos con un acantilado?
Hoy pisé a una mariposa en pleno vuelo
Y pensar que solo círculos se atrevían a dibujar las suelas de mis zapatos. En la mañana el aire golpeaba las copas de los árboles la ilusión guiaba mis pasos hasta que sentí el crujir de las alas y la realidad en mi interior todo agrietó
De mí nunca emergerá la luz no como el halo de aquellas alas entre las hierbas Pero ahora que han quedado detenidas mis pies no se atreverán a moverse
Ya es hora de levantar un brazo Mientras el viento arrastre el polvo de lo que fue esa mariposa encontrar algo que ayude a aceptar la pérdida a retomar el camino justo donde lo dejé.