Tejer caminos para la poesía en Centroamérica

"Se trata de abandonar en el abordaje de los estudios poéticos las cargadas letras del poema (...) la figura consagrada del poeta, para fijarse en las circunstancias a través de las cuales se ha conseguido que una manifestación artístico cultural entendida como poesía llegara a nuestras manos (...)"

Crédito de imagen Ernesto Castro Mora

En Centroamérica, la literatura ha ido creando su espacio a pura fuerza y necia determinación, y se ha movilizado y desarrollado desde pequeños mercados locales que no asoman a forjar una poderosa industria, hasta esfuerzos conjuntos por consolidar la promulgación y distribución de nombres, libros, revistas, blogs, saberes, proyectos, redes culturales, que en menor o mayor escala han comenzado a sistematizar un espacio con sus propias dinámicas e intercambios. Pero se trata de un trabajo de día a día, lejano al idealismo de la literatura donde la inspiración y la actitud pueden contra todo, o la estabilidad de un orden burgués de refinamiento que sostiene a través de salones y gremios un campo social literario, en pugna con las representaciones artísticas y aspiraciones del pueblo. Un trabajo que demanda un compromiso y especialización que trasciende la hoja en blanco para comprender a diferentes participantes y mostrarnos que la poesía es un fenómeno sociocultural en movimiento y de carácter polisistémico, que se interrelaciona consigo misma y con otros espacios artísticos, públicos o privados, individuales o grupales, liberales o estatales.

Me gustaría comenzar a mostrar a través de estas reflexiones algunas perspectivas sobre una investigación donde defendí que en este espacio irreductible, imaginario, indómito, pero real, vívido y sufrido –el centroamericano entre el 2000 y 2015– podía operar lo que he denominado un Sistema Poético Centroamericano (SPC), esto es, una gran cadena de trabajos, fuerzas y dinámicas que permiten una interrelación entre factores como instituciones, repertorios, producciones, mercados, productores y consumidores, según la Teoría de los Polisistemas del israelí Itamar Even Zohar. Partimos de la tradicional noción histórico-política sobre Centroamérica, constituida por las repúblicas de Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Honduras y Guatemala, para dar cuenta de la operación de estos factores durante los primeros quince años del presente siglo.

Se trata de abandonar en el abordaje de los estudios poéticos las cargadas letras del poema, el voluptuoso atractivo del libro, la figura consagrada del poeta, para fijarse en las circunstancias a través de las cuales se ha conseguido que una manifestación artístico cultural entendida como poesía llegara a nuestras manos o a nuestros oídos, y le adjudiquemos determinado valor (monetario, identitario o de calidad, por ejemplo). No solo eso: se trata de entender por qué ciertos productos relacionados con la poesía son valorados en ciertas esferas de acción del SPC y otros fenómenos simplemente son dejados de lado, hasta que se les da otra luz a través de la cual brillar.

El sistema poético es como un conjunto de planetas dentro de un sistema aún más grande que se observa gravitar y movilizarse por cierto tiempo y espacio, pero siempre nos empeñamos en perseguirlo y mirarlo de manera fragmentaria en un determinado período de observación y análisis de unos cuantos fenómenos. Es difícil calcular la materia, la masa y los movimientos que componen este sistema, pero la verdad es que lo mismo podríamos decir sobre el concepto de literatura, poesía o artes aplicadas a la vida misma en distintas teorías mucho más inmanentistas, sin que por ello se detengan los estudios y las propuestas de lectura para comprender de qué manera la literatura está cambiando en nuestros tiempos.

Con esto, queremos enfatizar en el dinamismo del SPC, su carácter abierto e inacabado, la puja incesante de las fuerzas que lo conforman por ocupar un espacio de legitimación y de poder, la suerte de conexiones que los diferentes factores van tejiendo para mantener y regular el sistema. Para describir tan complejo escenario, he recopilado  datos que expongan, más allá de generalizaciones y duros conceptos teóricos, esa parte orgánica, viva, pragmática, conectiva, relacional, tensional y humana, que permite la pervivencia del polisistema cultural que denominamos poesía, el cual también se halla interrelacionado con otros sistemas, fuerzas y dinámicas culturales.

La aparición de redes culturales que contengan la creación, la búsqueda de espacios y de medios de expresión poética, desde las de corta duración hasta aquellas que se sostienen en el tiempo o van mutando y produciendo nuevas ramificaciones de trabajo y organización, nuevos y viejos proyectos por desarrollar; resultan fenómenos, hechos “literarios” susceptibles de ser identificados. A través de 32 cuestionarios, 45 entrevistas y de indagación y corroboración bibliográfica, he averiguado los nombres de 146 talleres literarios, círculos de poesía, asociaciones culturales, fundaciones, colectivos y grupos artísticos vinculados con el sistema poético centroamericano entre el 2000 y 2015. Localicé 41 de estas agrupaciones en Costa Rica, 25 en Nicaragua, 28 en Honduras, 29 en El Salvador y 23 en Guatemala. ¿Podrá el lector ávido recordar el nombre de todas las instancias de su localidad, de su país o de la región entera? ¿Perderá la cuenta rápidamente, se sorprenderá del número? ¿Juzgará solo las “importantes” o reconocidas y tenderá un velo de silencio sobre lo demás?

Este tipo de datos nos sugieren el carácter estratificado, múltiple, con que la poesía viste a través de diferentes agrupaciones y proyectos en los países de Centroamérica. Pero, ¿qué significa pensar en el SPC como un sistema estratificado? Significa concebirlo como un conjunto de relaciones que se encuentran segmentadas, dispuestas en grupos superpuestos de personas y de funciones, que no necesariamente integran a todas las fuerzas y colectivos dentro de los trabajos que se ejercen en el interior del sistema, solo porque estos le dediquen su tiempo y esfuerzo a la poesía o a la creación de espacios y de actividades que sostengan de forma activa el sistema poético.

            Aunque posean un espacio y un tiempo comunes (en este caso los primeros quince años del siglo XXI), aunque sean del mismo país o vivan en localidades cercanas, no necesariamente trabajarán juntos los diferentes escritores, talleres, círculos, editores o gestores; saber de los otros, poder afirmar qué tipo de poesía leen o escriben, si prefieren los días soleados o los lluviosos, si se declaran antipoetas, exterioristas, vanguardistas, trascendentalistas o revolucionarios, no es requisito para que el sistema siga en acción y continúe su marcha, ni siquiera es necesario saber identificar a otros poetas o a qué grupos pertenecen.

            La estratificación revela que hay capas de poder, de representación, de reconocimiento, de acceso a privilegios, a publicaciones, a difusión, a ser estudiado o estudiar a otros, las cuales ya están dadas al ingresar al sistema; o bien que, cuando comenzamos a movilizarnos como una fuerza significativa en el medio, podemos empezar a proponer nuevas formas de interacción con nuestra presencia, ver surgir nuevas redes y actividades con otras caras y públicos diferentes, sin que por ello se altere la centralidad de ciertos privilegios o reconocimientos, a menos de que con el trabajo y obras empecemos a escalar espacios en la canonización de la producción que realizamos, así como de la de nuestros pares, compañeros y compañeras de batallas.

            En la poesía hay política cultural y trabajo de relaciones públicas –hoy día, de negocios y administración–, aunque tampoco podemos obviar el hecho de que trabajar la poesía, pulirla, ganarse cierto lugar ante los otros por la seriedad de las posturas y saberes, y no solo por oportunismo, es de importancia para acceder a estas coyunturas. Poder aprovechar el surgimiento de una editorial estatal podía conllevar a que un estrato, es decir, que un grupo que bregaba por ocupar un espacio de reconocimiento en el sistema, se erigiera como el centro del polisistema; no obstante, en el presente siglo las normas y dinámicas para competir han cambiado, gracias a la apertura editorial, las facilidades tecnológicas, los repertorios que nos vienen de todas partes y en distintos formatos, las redes de festivales y las actividades que exceden las fronteras locales.

Visibilizar estas redes es mostrar el motor de la transformación de la palabra, a los ojos de aquellos que no creen que la poesía tiene un espacio vivo en el cuerpo social. Sobre todo, nos servirá para entender cuáles han sido las principales tensiones, polémicas, búsquedas y objetivos de los diferentes grupos que han logrado conectarse y persistir en un espacio siempre ligado con la pobreza, la guerra, la violencia y el subdesarrollo, entender cómo la poesía y su sistema han buscado decirse a partir de sus acciones y objetivos, y cómo esto ha ido conformando el sistema literario centroamericano. Mi esperanza es brindar datos y reflexiones, en adelante, alrededor de la edición, del mercado, de las instituciones, de los colectivos, de las dinámicas que sostienen la poesía como un capital cultural, y con ello, abrir un espacio de discusión y diálogo con los lectores que ayude a tejer los vestidos de la poesía en la región. 

Sebastián Arce Oses

Costa Rica (1986). Poeta, ensayista, narrador, profesor universitario y gestor cultural. Lo verán transitando de aquí para allá, sin importar la hora o la frontera. Ha publicado los poemarios Emigrar hacia la Nada (2010), Variantes de una herida (2017) y La grieta en el espejo (2019). Aparece en la antología de poesía centroamericana Deudas de sangre (2015, Anamá Ediciones), en la Antología iberoamericana de microcuento (2017), compilada por Homero Carvalho, y también en las memorias del Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango (2018). Contacto: sebasarce86@gmail.com