Las hormigas luego de la brisa

«Ahora sé que puedes oírme sufriendo de intersticios [...] / a pesar de la roca y su pálpito recóndito...»

Foto de Álvaro Cantillano Roiz. (Ver galería completa).

 

No es cierto... nada nos perdona

 

I

 
No es cierto que andemos
medio siglo por el mundo
nada más definiendo el ritmo
tanteando el canto
la duda cáustica
el nombre
que el pecho busca
y nunca encuentra
ni en la hora del alba
donde el disparo cuenta
el círculo hondo
del instante
en la enorme página del silencio
donde todo es una ausencia
y la máscara de la muerte
que circunda los amaneceres
viene a decirnos que no es cierto
que es solamente la duda cáustica
el verbo inútil de mis ojos lánguidos
unos cuantos golpes y esperpentos cruzando
el gélido ensimismamiento del asfalto, un sueño
perturbando el corazón que muerde el nudo óntico
  
Tenemos la lengua llena de sangre
solamente de pensarlo, Holofernes
las masas donde vamos ejerciendo la existencia,
los ojos lánguidos   
llenos de sangre,
el cuerpo,
el presentimiento
la molécula y su drama cuántico
 
No es cierto que seamos buenos,
senderos llenos de sándalos
de tantos universos que la imaginación alcanza y existen
formas biológicas de hablas túrgidas
regiones donde fuera posible morirse
de un sueño que nos hable
de lo que deseáramos que nos diga
 
y fumáramos, holofernes
igual que antes cuando en las noches más blandas
éramos solo tú y yo, y la sombra que se nos parecía tanto
entonces cortábamos flores de los jardines de las otras gentes
disfrutando esas texturas de ser imbéciles
 
Ahora sé que puedes oírme sufriendo de intersticios
solo tú,
a pesar de la roca y su pálpito recóndito,
el mármol bruto,
el poema clamando la incisión del pulso para alcanzarlo,
intenta y esgrime un trozo de razón para seguirme.
 
 

II

 
Pasos
¿hacia dónde,
en qué pendiente, Holofernes?
 
Lágrima esculpida
hace más de treinta siglos,
si tu habla es la masa que sube como el humo de un cantante,
si tus ojos son los de Edith Piaf,
y tus palabras tienen olores horrendos como los de Ovidio,
                                                                                                     nada nos perdona.
si tu cuello es un coloso que sostiene la forma de la infamia,
si es un árbol de barranco
                                               y raíz expuesta tus pestañas sin sosiego,
si tu ceguedad es dos veces más densa que la muerte
                                               y la insoluble pregunta de la vigilia
                                                     se cuelga de un pensamiento estoico
                                                                              y decidido a la indolencia
                                                                                    entonces nada nos perdona.

 

 

 

Yocasta

 

¿Has visto el seso en el pavimento
y las hormigas luego de la brisa
comiéndolo de a minúsculos mordiscos?
 
¿Viste ayer cómo la cara de aquella ventana
era un smartphone tembloroso
en las manos de la angustia?
 
 
Sí...
sé lo que estás pensando;
los que van dentro de esos trapos indomables
y los Toyotas llenos de fusiles y revólveres
también son la masa que vibra
debajo de tu silencio y tu condena
 
¿Has visto cómo llora la mujer
de donde salió esa sangre que fluye, ahora, por el asfalto
buscando el desnivel
buscando ir más abajo de esta tierra,
más allá del dedo que teclea su nombre
y de esta conciencia derruida,
has visto también
cómo salen volando las hormigas de sus huesos
y el invierno es más negro que una culpa irredimible...?
 
¿Ya miraste ese motorizado erguido en su presente
de sangre y de licuefacción de símbolos?
pues él es también tu dorso frío,
contra la noche eterna hacia donde se fueron las manos de tu hijo
que ayer salió por la puerta a jubilarse de su tiempo
 
¿Has visto cómo los hombres del viejo mundo
arrastran su muertes hasta las cavidades del mediterráneo?
 
lloran esos ojos negros, aquellos niños náufragos
llora el mar con ellos absorbiéndolos
vengan, les dice, basta con mi aliento abierto
anudando esta última imagen
son ustedes míos
ángeles inermes
 
 
¿has visto esparcido esos miembros de la infancia en el medio oriente,
los brazos enterrados en el escombro,
un corazón que aún palpita luego del estruendo
y las risas y los besos y el jolgorio inmerecido
de los hijos de las buenas gentes?
 
¿Estás viendo cómo es preciso
andar esta cuerda púrpura profunda con olor a sombra?
 
 
No me sorprende tu ensimismamiento, Yocasta
la tierra embebida de aquel cementerio
por donde paso para doblar la esquina
también es tu cuerpo semántico lleno de presentimientos
 
¿... has visto en el espejo cómo tú eres una asesina dormida,
un plural contenido en ese gesto de Incertidumbre
que aún guarda su olor de atmósfera...?
 
¿Has visto cómo los poetas de aquel recinto
también son tu hombro que pesa como el llanto de 20 mundos?
 
¿Has visto cómo es de álgido ese aposento
en que piensan estas cosas sin fondo
junto al grito y la lluvia
que desnudan las siniestras rutas de las ausencias?

Rommel Cruz

Nacido en 1985, ha participado en los talleres de poesía impartidos por el poeta y crítico Iván Uriarte. Aparece en las antologías Circulo caótico (2006), Vita plena. Cruce de poesía joven Chile-Nicaragua (2013), Deudas de sangre. Poesía Centroamericana, (2014)Fue publicado en Círculo de poesía y en la extinta revista Voces nocturnas.