Mamá está cansada de levantarse a apagar el alba

Diez poemas de una de las voces líricas más recientes del panorama literario nicaragüense.

Foto por camaleoni. (Ver galería completa).

Algunas personas nacen con el corazón muerto

 
A   Francisco Ruiz Udiel
 
Los padres los abandonan al desprecio,
les compran un cementerio para que retocen con despojos,
allí encuentran guadañas
 y emprenden carreras sobre las tumbas.
Cuando las descubren abiertas
se detienen a hurgar el abismo
que el tiempo talla con sus nombres.
Son amantes de las tardes,
se ven a sí mismas para preguntar por su entierro
que va por las calles llorando nostalgias en un vientre de amargura.
 
 
Para sobrevivir a la noche
(a sus propias esencias)
se convierten en ratas
y rondan fontanerías de donde no salen nunca.
Otras veces
arrastran su soledad a la calle como perros,
se echan debajo del frío,
alguien les patea las costillas
así sienten vivir
 
Rasgan sus pasiones hasta destrozarse el pecho
entonces se disponen a curarse con lo que encuentran
pero ninguno tiene ojos para remendar su carne.
Se desesperan,
caminan sin rumbo,
hasta que coinciden en su desgracia
y se acuestan con la esperanza de una muerte que ya poseen.
 
 

Para nacer a la muerte

 
Envuélvase con posibles rasgos de carne
(Así se extiende el tiempo de gusanos)
 
Adquiera alguna forma del amor que lo ha creado,
no sea cobarde,
no se deje ciego para el viaje,
consiga dos ojos
dos pies para llegar al destino
dos manos, quizá, para escarbarlo.
 
Pasado nueve meses
no olvide, principalmente,
tener un nombre
a la muerte le gusta llamarnos por uno.
 
En el ataúd verá un resplandor.
Sígalo.  
Si tiene miedo
puede llorar
es permitido hacerlo.
 
Una vez cortada la vida
le tomarán los pies y pondrán de cabeza.
No podrá reprochar
(de nada servirá el llanto)
la cruz amarga y solitaria
la tendrá puesta en los hombros.
 
 

Para llegar al olvido

 
Pondrán una rosa en tus manos
(blanca para no romper esquemas)
una oración para tu cuerpo ajado de lunas.
 
Habrá pena en las miradas.
 
Cierra los ojos.
 
U
N
 
S
I
L
E
N
C
I
O
 
Ábrelos ahora.
No te asustes,
los gusanos habrán comido tu carne.
 
 

Imagen de un niño

 
Hay días que el cuarto tiene tétano en las paredes
y amanezco buscando un zapato en el techo,
días flácidos donde asesinan ratones
las puertas ácidas con sus maullidos de gato.
 
Abajo escucho tacones precipitándose a otros cuartos,
mujeres con ronquidos de cocina
queriendo suicidarse en el afán de sus tardes.
 
Hay periódicos sembrados en la sala
de un niño que odia a su padre,
juguetes en mortajas de vino
libros de pastas secas
con nombre suyo en prólogo
 
Martillazos y alambres perforan su patria
que aún escucha llorar en las calles
 
Lo veo ahí sin ningún instante vivo.
Se acerca desvanecido por el ruido de cosas,
despacio con un retrato de polillas hartas,
acaricia el suelo de calcetines rotos
y con mirada amarga que bajo
veo en su pie un zapato igual al que traigo puesto.
 
 

Infortunio

A Julia
 
 
Mamá está cansada de levantarse a apagar el alba,
de husmear en algún mosquero nuestras muertes.
Ella tiene miedo de saber que existe,
es una sombra que toma la vida de otros.
 
Escucha los autos cada tarde
y sueña que mi padre ya no regresa,
que la casa no es más una muerte
donde se guarda hambre y llora miseria.
 
Está cansada de lavar la sangre de las botellas
de enjuagar las borracheras que un día serán mías.
 
 

Cuando la muerte está triste

 
Se detiene en basureros
donde desnutridos perros lamen
su camisón de agrios naranjos.
Allí suben niños tristes
a comer desperdicios y botellas.
Va de rostro en rostro buscando uno,
ensarta sus dedos y lo arranca.
 
Luego se pone triste,
se siente inmunda
se abraza a sí misma para no sentirse sola.
Toma su cuerpo y lo desmiembra hasta aburrirse.
Cuando ya no le quedan huesos
cuelga sus ojos sobre la noche
y reza una canción para dormir ciega.
 
 

A un niño poeta

 
Un hombre deja una moneda en el suelo,
años después un niño la encuentra
y dichoso corre a guardarla.
Cuando éste crece
se le hincha el pecho
y el estómago le revienta.
Despierta lleno de hormigas
y decide emprender el viaje.
Entonces toma la moneda
y la aprieta amargamente
hasta que muere.
Otro día
alguien la recoge,
la guarda en un poema.
 
 

De niñas y muñecas

 
“Entonces ellos empiezan la ejecución de mi piel virgen...”
Marianela Sáenz
 
 
 
De noche,
los dioses dejan placas con algún nombre,
pellejos en las paredes
que gritan como animales en celo
 
Un canto de niña que despioja muñecas
se escucha a lo lejos
sus lágrimas como látigos de luna
en un intento de homicidio
 
Con un rechinar de píldoras a su paso
me despiertan.
 
Inerte,
            
               atento,
 
cuando todos duermen,
escucho el taconeo incansable de las camas.
las muñecas despiertan y lloran
se tapan la boca con almohadas
para doblar sus rodillas
 
Suplican, en el horror de su sangre ,
a los dioses que les desprenden la piel
para pegarla como trofeo.
 
 

Historias sin tiempo

 
Mamá dice que los muertos siempre vuelven
para escupir el asco de haberse sabido humanos,
a llorar amarguras,
nostalgias en algún vientre extraño.
Ella les deja agua para dormir el fuego del que regresan,
para apaciguar el nudo,
la soledad que les quema la lengua.
Dice escucharlos llorar frente al espejo,
absortos,
lejanos en el silencio.
Se arrastran por la noche
mientras se les deshacen los huesos.
Ellos me cuentan historias
de algún lugar sin tiempo.
 
 

De la noche nace un hombre

 
De la noche nacen sombras,
agujas que arañan paredes.
Se escuchan pasos de alguien que viene
y nunca llega.
Se escuchan perros,
risas lejanas por la calle.
Algo toca por dentro,
fuerte,
cada vez más fuerte.
De mi boca nace frío,
silencio.
De la noche nacen sesos,
rastros de sangre por el piso
algo muerde mis ojos
y me respira de cerca.
A lo lejos
la noche asesina a un hombre
 
Por la calle aúllan perros,
mis pasos no tocan destino.
Los pasillos son lagunas que se abren
y me peso no soportan.
Abro puertas que rechinan,
ventanas que lloran,
y en silencio observo
a otro animal que muere.
 
No muy lejos,
se levanta una sombra. 

Bosco Enmanuel Hernández Ruiz

Nació en Masaya, Nicaragua, en 1996. Es licenciado en Ciencias de la Educación con mención en Lengua y Literatura Hispánicas y ha participado en talleres literarios organizados por la Universidad Centroamericana (UCA), el Centro de Investigaciones Lingüísticas y Literarias (CILL) de la UNAN-Managua y la Fundación Luisa Mercado. Está incluido en la Antología Novísima del Cuento Nicaragüense, publicada por la revista del CILL. También ha publicado poesía en la Revista Centroamericana de Literatura y la costarricense Revista Antagónica.