Entre banderas arcoíris y azuliblancas

«Hay escarcha, hay morteros, hay tacones y también pañoletas tapabocas».

Foto de Álvaro Cantillano Roiz. (Ver galería completa).

Entre banderas arcoíris y azuliblancas

 

Entre las banderas arcoíris y las azuliblancas, un estandarte se alza en la autopista frente a Camino de Oriente. Tiene un guardabarranco posando en una rama, flores de sacuanjoche y una leyenda que dice: “Movimiento 19 de Abril. Tipitapa”. Hay escarcha, hay morteros, hay tacones y también pañoletas tapabocas. Una mujer toma el micrófono y comienza a gritar:

—Ezequiel Mendoza

—Presente

—EZEQUIEL… MENDOZA

—¡Presente!

—EZEQUIEL MENDOZA

—¡PRESENTE!

—Ese chavalo está orgulloso de ustedes y ustedes deben estar orgullosos de él. Porque él desde su espacio lideró un tranque y el tranque sigue vivo. ¡VIVA EZEQUIEL MENDOZA!

—¡VIVA!

 

Ya luego suena en los altoparlantes «A quién le importa», de Thalía, y los partícipes comienzan a cantar y a bailar en círculos. Luego «Que vivan los estudiantes», de Los Guaraguao. «¡Clase soundtrack el de este año! Está rarísimo», le digo a un amigo. En ese mismo lugar, 70 días antes, policías y grupos de choque uniformados con camisetas del partido de Gobierno sofocaban violentamente un piquete que catalizaría la crisis sociopolítica que vive Nicaragua.

 

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A W Alfonso se le ablandó el corazón en ese momento, levantó la mano y coreó: ¡Presente! en cada ocasión. Ahí están las lesbianas, ahí estamos los gays también en la calle. Acompañado de su hermana y un par de amigos, vendía pañoletas y banderas con los colores del movimiento homosexual y bisexual mientras la organización de la Marcha LGBTI por la Democracia y la Justicia decidía el camino a seguir. Minutos antes, previo a un fuerte comunicado de algunos sectores de la comunidad de la diversidad sexual, un hombre que al parecer era parte de los organizadores informó que a escasos 400 metros de la concentración cuerpos policiales estaban desplegados. Me dice un amigo: «Ojalá que el machismo juegue a nuestro favor y piensen que como somos cochones… no les hacemos nada». Yo pienso: «Ojalá… a mi mamá le dije que ando en el trabajo».

Para W Alfonso, esta marcha era diferente. Le era todavía inverosímil poder salir a las calles y reconocer abiertamente que es homosexual. Esta vez no se andaba preguntando a cada paso ¿será que soy gay?, ¿lo soy?, ¿no lo soy? Ya en años anteriores había asistido al evento.


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Agustín Ezequiel Mendoza murió dos semanas antes de la marcha. Fue el 14 de junio, día de paro nacional convocado por el Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) y la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia. Tenía 22 años y era el menor de dos hermanos. En su abdomen, dos proyectiles se alojaron. Filmaba una marcha autoconvocada de mujeres que sonaban ollas y cucharas como protesta por el barrio Orontes Centeno, en Tipitapa.

Aunque fue trasladado a un hospital, el joven falleció en el centro hospitalario. Su ataúd era azul y blanco. Sobre su tapa tenía el escudo de la Nación.

 

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El niño que se besaba con otros niños en San Judas es ahora un hombre. W Alfonso salió del clóset hace apenas 8 meses, cuando tenía 24 años. Recién volvía de Chile. Solo lo dije y de forma inmediata pasé a sentirme vulnerado por mi identidad y mi orientación sexual. Antes de perder su empleo por la mentada crisis sociopolítica que acontece en Nicaragua, en su anterior trabajo le pidieron discreción sobre su orientación sexual. Desde el primer momento de su reconocimiento, le pareció extraño cómo la sociedad te ataca. Sin embargo, ese asecho no le quitó la felicidad a W Alfonso por recorrer 750 metros entre cuerpos travestidos, desnudos y consignas. La marcha se desplegaría en esa pequeña distancia: era la primera protesta en la vía pública luego de la masacre del Día de las Madres. Algunos la tildaron de pequeña, porque la compararon con los años anteriores. Entre tantos tranques y barricadas, colectivos de otros departamentos no asistieron.

 

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W Alfonso y Agustín Ezequiel Mendoza compartieron causas: la de la diversidad sexual y la de una Nicaragua libre. Nunca se conocieron.

Ernesto Rogelio Laureano Valle Moreno

Estudió Comunicación Social en la Universidad Centroamericana (UCA), en Managua, y realizó una maestría en Estudios Culturales con énfasis en Memoria, Cultura y Ciudadanía, en el Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica. Nacido en Managua, Nicaragua, en 1992, ha publicado artículos periodísticos, poesía, cuentos en diferentes revistas, suplementos y medios de su país, Chile, Cuba, Alemania, Costa Rica, Argentina y México. En 2013 resultó ganador del primer lugar en el III Concurso Nacional de Poesía Joven Leonel Rugama, con el libro Poemas para leerse en una Managua congestionada. Su poemario Del oficio y la muerte, aun inédito, resultó finalista en el certamen literario centroamericano Ipso Facto. Una compilación de sus poemas fue agrupada en una antología personal, llamada Antípodas (2010-2018).