Una casa en la palma de tu mano

«Madre, / ¿qué tanto rogamos al martes volverse miércoles? / ¿cuándo nos atrevimos a patear la pelota del azar?».

Foto de Álvaro Cantillano Roiz. (Ver galería completa).

 

Tríptico en el hospital

(Una casa en la palma de tu mano)

 

Puerta

 

La camilla avanza en línea recta
mis pasos inexpertos llevan el ritmo.
El dolor es el camino,
sus portones se pierden a lo lejos.
 
Madre,
¿qué tanto rogamos al martes volverse miércoles?
¿cuándo nos atrevimos a patear la pelota del azar?
 
Una puerta y todas las puertas son el silencio,
se cierran en nuestros ojos.
Las agujas toman siestas en mis pestañas
extendiéndose desde tus manos.
 
Un temblor inicia el ensamblaje del llanto,
una huelga estalla en los pasillos del alma,
la espera se convierte lentamente en una guerra
mientras se incendia el hospital.

 

Silla

 

Una pierna se cruza,
una mano abraza tu brazo,
escucho su voz y tengo que dejarte, silla.
Abandonar tu guarida para comprender
si el antibiótico ha dejado de gotear
o si algún pajarillo cantó en la ventana.
 
Me recluyo en ti.
Parece ser el tiempo quien sostiene mi cuerpo
en el pasar de sus agujas,
su tic tac vocifera en mi estómago,
desmenuzando la quietud.
 
Dicen que es bueno que las cosas nos recuerden,
no me recuerdes tanto.
Borremos de la memoria
el doble ingreso a tu rincón,
el mes que pesa ya en los huesos.
 
Retiraré de mi rostro tus cojines,
se descolgarán mis brazos de tus brazos.
Su cuerpo,
despertará desde la palabra siempre.
La llevo conmigo.

 

Cuerpo

 

Entre el sueño y la vigilia
la luz hace amanecer el día
halando suavemente su melena rizada.
 
El espacio define un letargo consciente.
 
Empiezan a repetirse en la mente
los poemas que leímos juntas ayer.
Las palabras gritan en mi osamenta,
los objetos visten sus caras
en el momento preciso en que resurge su cuerpo,
actor central del espacio.
 
Solo en los amaneceres hay paz
en la fracción donde la enfermera
no ha surgido tras la puerta,
luego, no existe nada en este lugar
que no tenga sabor a lágrimas.
 
La cortina baila sobre el cuadro deslumbrante,
la poesía reaparece testaruda como una silueta
besa su boca dormida
susurrándose, diciéndose,
como si su boca fuese un gran oído.
 
La poesía te está salvando, Madre.

 

 

 

Madres

(Grito de Mujer 2018)

 

Con la piedra del deber
despedazo el caparazón multicolor de mi hija.
Al verla en el suelo,
siento al animal lamer mis heridas.
 
¿Quién nos enseñó tan magistralmente
a estar solas?
 
Espero cada día no ser como mi madre,
caminar en contra del dolor y la culpa
pero soy ella incluso en las llagas.
Sin ser llamada yaces, madre, asilada en mi espejo,
precedida por abuela
y por ese recorrer infinito de mujeres con mi sangre.
Cuando golpeo sus murmullos
parpadea mi silueta.
 
Todas mis madres duermen
en una letanía heredada
de vientre en vientre
hasta el arribo de mi rostro, único y colectivo
superpuesto de las lágrimas y de sexo
desnudez primera de mi esencia.
 
El peso de mi género es una mordaza.
Dos pechos descolgados por los siglos
nacidos para coserme la boca
para recordarme que somos mejores en silencio
que somos el desierto más fértil de la tierra.

 

 

 

Llorar

 

llorar contrapuesto
llorar sostenido, sistemático
dejarse halar por las contracciones
hasta el punto preciso del dolor
excavar profundamente
llegar hasta las venas
deslizarme en su corriente de latidos
oscuridad de mi propia sangre
nadar de ida por nuestros lagos
y de vuelta hasta uno mismo
por las lágrimas
llorar como una lluvia
como una risa compuesta de una vida
lavarse
sacar del fondo la imagen
la sonrisa

 

Denisse Español

Nacida en República Dominicana en 1975. Arquitecta y escritora (poesía, ensayos, relatos). Ha cursado las maestrías de Arquitectura crítica y proyecto (Universidad Politécnica de Cataluña) y de Estudios Avanzados en Literatura Española e Hispanoamericana (Universidad de Barcelona). Autora de los poemarios Mañana es Ningún día (2013) y Una casa en la palma de tu mano (2016), con la editorial Mediaisla, y una versión centroamericana de este último editada por el Festival Internacional de Poesía de Costa Rica 2016; también de los cuadernillos No conozco el cartero (2016) y Cartemas (2018), de la colección Playa Sucia, editados por el proyecto editorial La Chifurnia. Responsable del Rincón Cultural de la revista Zona Este del Listín Diario. Fundadora del grupo literario-multidisciplinario Café de Artistas de Punta Cana y organizadora del recital poético anual de la misma localidad.